(90% moscatell, 10% pedro ximenez) - de color ambarino oscuro, reflejos anaranjados y dorados. En nariz es pura potencia y carácter varietal, casi vinoso pero de enorme complejidad y matices. Hay de todo: pieles de naranja, suaves auvados, hollejos, miel y hierbas aromáticas (Ricola), manzanas horneadas, bizcocho borracho, crema catalana, frutos secos (avellanas, almendras). Aún así, no resulta excesivo ni despunta el alcohol. Una moscatel de alejandría diferente y reconocible, con un perfil olfativo poco floral y auvado. En boca es grueso, abocado, fino y elegante, con frescor y mucha fuerza, contundente y con una notable estructura. Un dulce equilibrado y sin excesos de nada, sabroso, agradable y ligeramente amargoso (mermelada de naranja inglesa). Aparecen deliciosos amielados, con romero y hierbas de monte, menta. Muy largo y de recuerdos elegantes, manzana caramelizada, con un toque de vainilla final. Deliciosa expresión de moscatel de alejandría y aunque el carácter también es plenamente montañoso y prioratino nada tiene que ver con la fragancia de la moscatel malagueña. Tiene un toque de rusticidad encantador contrarrestado por su suavidad, equilibrio y ausencia de las notas dulzosas y cálidas. Un clásico de la sobremesa que causa estragos con un postre de músic (frutos secos). Excelente materia prima.