Francamente, el maestro Bosos dio directamente en el clavo con este tinto impecablemente elaborado, de nariz excesivamente madura, licorosa y algo impersonal, y boca más convincente gracias a su buena acidez y frescura. Lejos, pero que muy lejos, de la añada 2000 que tengo como única referencia de este vino. Aquél se las arreglaba para dar lo mejor de su aire bordelés y lo aún mejor de su terruño chileno. Aquí, al menos por el momento, no hay ni de lo uno ni de lo otro. Quien le acuse con ese manido y faciloide adjetivo de vino "internacional", por una vez tendrá razon, y el bueno de Almaviva, en esta añada, se lo tendrá merecido. Yo que tú, evitaría este año, los otros sólo pueden ser mejores.
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