Desde su color ámbar dorado sabía que ahí había algo diferente. Mi nariz no lo desmintió. Un PCE en toda regla: Potente, Complejo, Elegante. Brioche, tarta de fresa, manzana asada, pera muy madura dispuesta sobre un crêpe tibio bien cargado de mantequilla, y ese paseo por un jardin de flores blancas, y las piedras y el mineral. Exuberante y sin embargo delicado. En boca una burbuja cremosa conquistando el paladar, fresco, untuoso, muy largo. Su retronasal floral, mineral, pletórica de fruta blanca madura y de la mejor pastelería francesa te prepara para un final decidido a quedarse con uno una buena temporada. Lo cual a uno le invita a soñar mientras se impacienta el siguiente trago.
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