El Château Léoville Poyferré 1983 vaya ejemplar, como se revolvia entre

El Château Léoville Poyferré 1983 vaya ejemplar, como se revolvia entre color, nariz y aspecto. Sin llegar a la boca los mensajes de madurez, viveza, impetu y golosidad eran inenarrables. Muy elegante en nariz, con una fruta fina, con notas minerales, caramelos, cajas de tóricas y viton, casi los ahumados y especias calientes; para los amantes de diccionarios sutiles, pues las grosellas y otras notas
más asepticas, pero la historia está ahi. Muy suave, su ataque va creciendo y termina sustancioso, con un paladar profundo y una textura cremosa, sin desorden, muy tipico, muy complejo en ocasiones, resultando impresionante, elegante y de fino acabado. Desde luego el vino, aun de los años que le ha tocado resistir, es una buena muestra de este cható, claro, con muy buen hacer y un cuidado amor por lo bello

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