Visual, picota, muy subida de tono, casi negro, de capa media, con ribete evolucionado. Muy limpio y brillante.
Nariz donde todavía están presentes los frutos rojos maduros, de fondo, recordando esa fruta que fue la base sólida de este vino y que da muestra de un envejecimiento encomiable. Tiene una nariz muy fina, con notas reductivas en principio, que se abren luego hacia notas más licorosas, con puntitas especiadas, y algunos apuntes de fino cuero y alguna interesante nota compleja, como de alcohol de farmacia (metílico).
En boca, el vino está totalmente limado, es una seda. Redondo, amplio, ligero, elegante, fino, muy fino. Es fresco y tiene un paso muy agradable, con muy buena longitud. Deja muy buenos recuerdos de crianza.
Catado en magnum de cinco litros, gracias a la generosidad de A. Pacheco, este vino es un vino para rendir culto, para tomar de manera sosegada, entre amigos, apreciando se buena elaboración que le ha permitido evolucionar en el tiempo como sólo los grandes vinos saben hacer, con nobleza, elegancia y finura. Lleno de sutilezas que merece la pena ir desgranando en la copa... y con una botella de cinco litros, puedes escribirse un libro hablando de ellas...
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