Es de un rojo cereza, intensa, limpia, con menisco colorado, con muchas lagrimas coloradas.
Al olfacto, hay unas impresiones lácticas, seguida por impresiónes de frutas del bosque, mucha frescura con, pasando el tiempo, aromas especiados y discretas de roble fresco y nuevo.
El palador lo muestra amplio, con montones de fruta, el es muy redondo –facil– , con exelente aroma de boca, y acidez adecuado por que no "pega": no es “fuerte” o “pesado”... Después, se percipien taninos suaves: buenos taninos, muy suaves, de roble suave, la crianza he sido muy bien hecho y sin eso presunto “pecado español” de sobre-madEracion del cual siempre estan hablando los franceses. Al final de la botella, un poco de amargura se añadia. Buen vino, bien hecho, con componentes de materia frutal-acidez-tanino-amargura muy equilibrados, bastante intenso. Es un vino sin ninguna agresividad, un placer.
No hay ninguna duda que los 60% de cepas viejas de 40-50 años de Mourvèdre (Monastrell) hacen su papel en las calidades del Beryna.
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