Sin duda un vino excelente pero que en el orden de cata quedó emparedado entre el Amontillado de la misma bodega y el Palo Cortado de añada 1978 de González Byass, y esto, con la altura, la complejidad y la intensidad de los vinos de la terna, es a ciencia cierta, un hándicap.
Tiene una antigüedad unos 32 años, y en la vista es muy similar a su hermano amontillado, ámbar con reflejos yodados. La nariz es más seca que la de su pariente y no están las notas a miel, pero sí toda la gama de barnices, madera vieja, frutos secos… Si cotejamos con el Palo Cortado de añada de Byass, éste da más sensación de vejez y es menos intenso.
Como corresponde de mayor cuerpo que el hermano, también se nota más cálido. Aún así tiene un buen equilibrio, es potente, tiene una acidez fantástica y es muy largo.
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