Dorado pálido limpio y brillante.
Nariz de media intensidad que tras tres horas de aireación se muestra compleja, expresiva y deliciosamente mineral. Toques florales iniciales, fruta fresca, manzana verde, pera williams, un maravilloso recuerdo cítrico y todo ello tamizado por un fondo mineral. Su limpieza, franqueza y sobre todo la expresión de terruño que ofrece enamora al instante. Una verdadera delicia.
En boca se muestra espectacular por su amplitud, plenitud y sobre todo por su profundidad. Es denso y glicérico, pero su fantástica acidez marca de la casa y su final con un equilibrio absoluto entre dulzura y amargosidad compensan registros y hacen de este vino una golosina. Deja recuerdos minerales en el posgusto e invita a seguir bebiendo sin ninguna moderación. Hace que te olvides de la comida.
Haag es quizá el más grande productor de Mosela y eso se nota en este vino, un verdadero curso de lo que debe ser la Riesling en todo su esplendor. Increíble como un vino con sólo 8 grados puede tener esta presencia y estructura. Acaba de nacer y vivirá muchos años. Por 25 euros, es para comprar un camión. ¡Viva la Riesling!
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