Este es el ‘Grand Cru’ de Antonio, del que sólo produjo 560 botellas. Es un coupage cuyas uvas proceden exclusivamente de la parcela singular que tiene en San Lourenzo da Pena. Mezclan únicamente dos variedades: Brancellao (35%) y Caíño Longo (65%). Dos variedades antagónicas que se complementan con una sensibilidad increíble. Ya lo vi con su 2019, y ahora con este 2022, que muestra un potencial de envejecimiento estratosférico.
El vino fermenta (bazuqueo y remontados duran sólo 5 días) y reposa en acero inoxidable durante 12 meses antes de pasar a una barrica de 500 L, donde se echa otros 6 meses. Finalmente, lo volverá al depósito de acero inoxidable durante unos dos meses antes del embotellado para que decante naturalmente por gravedad. El resultado es un vino elegantemente perfumado, un cóctel de frambuesas, fresas silvestres, piel de naranja, pino, rosas y caramelo de violeta. Tiene más sustancia y peso en boca que las cuvées anteriores, y su acidez está bien integrada en una boca jugosísima. Los taninos todavía necesitan amansarse con el tiempo, pero aportan un bonito agarre sedoso, aunque no agresivo. El final es largo y persistente, dejando una sensación agradablemente cálida con matices herbáceos (laurel, hinojo, helechos).
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