Vino tinto griego de buena intensidad en nariz, con aromas de fruta roja recordando las cerezas y especias dulces como la canela, recuerdos de la crianza como tabaco y chocolate, fondo mineral.
En boca es de cuerpo medio, afrutado y elegante, con un punto floral y de especias dulces, vainilla, caramelo. Acidez media, con la fruta y la crianza en armonía, taninos finos y pulidos, final sabroso.
Fue una casualidad esa cata de dos vinos griegos a ciegas, ni de broma los acertamos, del blanco de Santorini si que había catado alguno, pero del tinto de esta variedad me parece que fue el primero.
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