Fósforo y pedernal muy marcados en nariz a la apertura. Con la aireación se va abriendo paso una atractiva mineralidad salina, mientras la fruta permanece inicialmente en segundo plano. Poco a poco la reducción se atenúa y aparecen los cítricos (lima, limón y mandarina), la manzana verde y delicadas notas herbales, todo ello envuelto por una intensa sensación mineral y salina. Tras unos veinte minutos en copa la reducción prácticamente ha desaparecido y queda una nariz muy elegante, precisa y perfectamente equilibrada entre fruta, mineralidad y salinidad.
En boca es fantástico y de gran tensión. Acidez crujiente, perfil muy vertical, marcada salinidad y un final largo con persistente recuerdo mineral y frutal.
Lo he abierto por error pensando que era un Hyde de Villaine Chardonnay 2019 de la gama clásica. Todavía tengo botellas de Comandante 2018 y 2019, así que sospecho que esta cata ha sido algo prematura. Creo que unos años más de botella le sentarán magníficamente.
Si me hubiesen dicho que era un Guffens-Heynen no me habría sorprendido. Hyde de Villaine es una joint venture entre la familia Hyde, propietaria del mítico Hyde Vineyard en Carneros, y la familia de Aubert de Villaine, histórico copropietario de Domaine de la Romanée-Conti. Ese "padrinazgo" borgoñón se percibe claramente en el estilo del vino.
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