Color rubí con ribete anaranjadísimo, capa baja, de lágrima abundante y lenta.
En nariz da terciarios, leves notas animales y cueros. Se aprecian notas a trufa, carne frita, toques minerales: yodo y fósforo (pasado un tiempo), con más aire salen la fruta negra madura (me recordó al Tondonia del 54 que probé en el III Encuentro Verema) y ligeras notas a cacao.
En boca el vino está más vivo. El paso por boca es suave y elegante, con buena acidez, en la retronasal da fruta madura y un post-gusto largo a frutos rojos. Es un gran vino, la acidez está ahí y la calidad también. Aunque coincido con Gonzalo en que se hecha en falta algo más de complejidad. Me aventuro a decir que le pasa un poco como al 76 blanco de Tondonia. En cualquier caso, un gran vino.
Catado en Riedel Borgoña.
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