Y vamos con una tercera botella, abierta 9 meses después. En esta ocasión nos la llevamos al restaurante de nuestro amigo Fernando junto un con un Don Miguel de Comenge. Abrimos la botella una hora y media antes de la cata a 18°C:
VISUAL: De un color rojo rubí apagado, sin diferencia con el ribete y de capa baja. Un vino muy cristalino y luminoso (86).
OLFATIVA: En nariz vuelve a ser espectacular. ¡Qué exageración en el número de matices! De nuevo predomina en primer plano la fruta roja en compota, madura y una mineralidad que en las anteriores botellas no apreciamos, como a arcilla mojada. Al agitar empieza la sinfonía, ese bosque otoñal matutino, con notas de musgo, romero, tomillo, laurel, ortigas y hojarasca húmeda. En el segundo acto desarrolla aromas especiados, una pátina interminable: vainilla, canela, nuez moscada y pimienta negra. Su final, aunque estaríamos horas y horas oliendo este divino elixir, despliega un portafolio de terciarios apabullante: tostados, tabaco de liar, chocolate negro, duelas envinadas, guindas en licor, regaliz y maderas finas... buuufffff... No tiene fin amigos y su intensidad es alta, como buen 70. Me quedo sin palabras (98).
GUSTATIVA: El ataque de este vino es elegante donde los haya, de acidez imponente pero de una suavidad en su paso por boca que emociona. Puro terciopelo. Los taninos en su justo punto, pulidos pero con un brillo que centellea, que los hace estar presentes, totalmente armonizados en la estructura del vino. Otro de esos viejunos esféricos, con un retronasal acompotado y un tanto balsámico, con apuntes especiados. Persistencia de casi 4 minutos, algo increible. La mejor de las tres botellas hasta el momento, pero es que creo que con el tiempo está mejorando. Bendito Campo Viejo y bendita añada la de 1970. Obras de arte como ésta quedan pocas por lo que hay que disfrutarlas en toda su dimensión y... vive Dios que lo he hecho!! (96).
La RCP la de siempre excelente, ya dije que conseguimos en las Navidades de 2014 unas cuantas botellas por 17 euros.
En esta ocasión me acompañaron mis dos grandes colegas Pepe y Jesús de comilona. Maridamos esta delicia con un suculento entrecotte a las brasas. Para este vinazo el cuerpo nos pedía "caaaaaannneee", y se la dimos... Maravilloso maridaje cómo no, suculenta y jugosa carne roja y un viejuno esférico digno de Dioses. A "gosar" amigos.
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