Vino Bobal Negro 2018: Una bobal nada boba


Porque qué lista es, qué jugosa, que curiosa y juguetona....

La botella, la hermana oscura de su hermana blanca, que tampoco pasa desapercibida, quizá un punto menos pro tanta "oscuridad". Ribete morado, color picota intenso y brillante, limpio. Lágrima densa, que cae poco a poco. Me está dejando cierta burbuja en la copa, como un maceración carbónica. Capa media, brillante.

Mucha fruta roja que se funde con el café aparece en la nariz, con torrefactos, toques de cacao, ahumados, lías, suaves herbáceos, licor de guindas... Tiene esas notas de laca de uñas y un toque como cárnico de fondo.

Notas lácteas, de bosque mediterráneo, con regaliz, tabaco y un toque de nuez moscada y pimienta. Los tostados se unen a los ahumados, las notas minerales, las flores azules… Gran nariz, fresca y mediterránea.

En boca, tiene un paso jugoso. Es un vino fresco, astringente, con la fruta aún crujiente, con los tostados muy integrados. La madera es secante. Toque goloso, cremoso, con ese yogur y unos balsámicos y herbáceos que se conjugan bastante bien. Café, cacao negro en polvo, ahumados y notas minerales, flores en el postgusto....

Tiene una buena acidez. Le fata integrar la madera, porque tiene una buena fruta, además de ese toque cítrico, fresco y naranjero. Muy muy rico!!!! Diferente, moderno, ligero, pero con chicha a la vez. Le falta quitar un poco de esa madera que arrastra la lengua. Pero, a pesar de la crianza que tiene se muestra joven.

Una bobal tremendamente gastronómica, sí señor!!! Esa mezcla de crianza y vino joven hace que el resultado, aunque le falte pulir, sea más fresco y frutal.

 

Un vino muy muy sabrosón y al que le queda mucho margen de mejora

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