Hemos tenido las mismas sensaciones que describimos hace año y medio. Este 2008 es un vino trallero, de una excepcional calidad. Lo bebimos el sábado, con una de esas personas que dicen que Dom Pérignon no es su Champagne. Y seguramente no lo era hasta aquel momento; cuando les hablas, ante todo de su historia y de su viñedo, pero también de esos maravillosos y característicos tostados, de su corpulencia, de su estilo barroco que al mismo tiempo es fresco y de su complejidad, no les queda otra que rendirse a la evidencia. Este 2008 es enorme y le queda cuerda para rato.
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