En nariz es franco y directo con concentración de fruta roja muy opulenta, notas minerales de grafito y balsámicos de pino. Con oxigenación la fruta se hace más cálida y deja recuerdos a guindas en licor.
En boca tiene un ataque amplio y frutal, te despistan las pinceladas de canela pues es un vino que no tiene crianza en barrica, se muestra goloso, intenso y cálido con sabor a fresa ácida y cerezas.
Al día síguiente la mineralidad es más metálica en nariz, los balsámicos menos intensos y mantiene la fruta roja. Se incorporan la trufa negra y la pimienta, negra también y aparecen unas sutiles notas florales.
En boca es más suave y goloso pero sin perder la acidez de la fruta roja ni la notas especiadas de la canela. Aparece el regaliz negro y las fresas se convierten en caramelos.
Un vino con mucha opulencia frutal que sorprende por su recorrido al encontrarse como un chaval con tres años de vida y sin haber tenido contacto con madera. Un descubrimiento.
Autocarro nº 27 2012
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