Desde luego es una Manzanilla, aún si cabe más femenina. Tiene toquecitos vegetales, que no solo se ven en su nariz sino en lo que traslada su color pajizo verdoso claro y su aireada nariz de sureño levante mañanero. Hay notitas de marismas en bajamar, matas de matorral, levaduras en flor, y los aromas típicos de vainas de frutales verdes de los vinos “ Chicos “ de Jerez. En Fin, que huele a Sanlucar de Barrameda, y si me apuran hasta se sienten los pies metidos en la arena de la Playa del Coto y los pinos en el horizonte movidos por el viento. Fuera de estas licencias que espero me permitan, la boca es ambiciosa, llena de frutos secos verdosos y un delicioso amargor controlado que siempre acaba pidiéndote otra copita, en un gesto cargado de niñez. Un posgusto eterno, noble, único y que identifica la personalidad de estos grandes vinos muy unido al carácter frutal – vegetal, y que por lo menos todo Ser Humano, debería de sentir una vez en la vida. Repetir la misma cata y mismas percepciones en las mismas condiciones, seria una autentica “ Misión Imposible “, de ahí la grandeza de estos frescos y nobles vinos andaluces.
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