Rojo rubí, ribetes algo atejados, capa media.
Nariz de media intensidad que muestra una cierta reducción en un inicio pero a la que le cuesta un poco ir disipándose, cuando lo va consiguiendo se revela algo cerrado, con un toque mayor de especias, humedades y piel curtida y un menor protagonismo de la fruta y los recuerdos florales. Complejo y con fondo, pero parece algo cansado.
En boca confirma dichos registros y pese a ser un vino de una gran calidad e impecable elaboración se encuentra ya iniciando una ligera fase descendiente. Sostenido por su buena acidez y estructura, resulta largo y redondo en el final dejando sensaciones de madurez y un tanino ya bien pulido, formando un conjunto muy redondo.
Lo cierto es que basándonos en anteriores experiencias con los Barolos “Antichi Vigneti Propri” Riserva del 61 y 67 (ambos excepcionales), esperábamos más de este Barbaresco pero lo cierto es que pese a ser un vino de buen nivel no llegó a esos niveles de excelencia. Buena botella en cualquier caso.
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