Un regalo de Isis ...

     Didier Chaffardon se define como un nano-viticultor, a la escucha de la naturaleza : para él, la añada es como un director de orquesta y este hombre de pro le obedece puntualmente. Fue la del 2005 una añada marcada por el calor y el tiempo seco, lo que requirió mucho tacto, mucha intuición y mucha capacidad de análisis. De un brillante color dorado pálido, este blanco de Anjou bautizado como " Isidore " - un nombre que significa " regalo de Isis " - ofrece una gama aromática compleja, sutil y sumamente cambiante. Inicialmente dominan notas similares a las de los racimos botritizados : pasas de Esmirna y castañas glaseadas. Luego aparecen matices vegetales y minerales : hojas de menta desecadas, madera de picea, piedras frotadas entre sí. Al cabo de media hora, hay olores frutales típicas, olores a pera cocida y a membrillo confitado, que se entrelazan en perfecta armonía. En boca confirma lo apuntado en nariz : el vino va ganando volumen, profundidad, finura y se estira como un gato. Todo está en equilibrio, trazado a cordel, y nada sobresale, ni su acidez, ni el alcohol - que pasa inapercibido - ni su magnífico amargor. Faltan palabras para describir su gran originalidad, su pureza angelical, su extraordinaria persistencia, simple y llanamente su gran belleza : una pepita de oro a precio de ganga. ( PVP : 19 € ) ........................................................................................................................................................................................ 

     Didier Chaffardon se définit comme un nano-viticulteur, à l'écoute de la nature. Pour lui, le millésime est comme un chef d'orchestre & cet honnête homme lui obéit au doigt & à l'oeil. Le millésime 2005 fut marqué par la chaleur & la sécheresse, ce qui exigea beaucoup de doigté, beaucoup d'intuition & une grande capacité d'analyse. D'une étincelante couleur or pâle, ce blanc d'Anjou baptisé " Isidore " - un nom qui signifie " cadeau d'Isis " - offre une gamme aromatique complexe, subtile & extrêmement changeante : tout d'abord, dominent des notes similaires à celles des grappes botrytisées : raisins de Smyrne & marrons glacés. Apparaissent ensuite des nuances végétales & minérales : feuilles de menthe séchées, épicéa, pierres frottées entre elles. Au bout d'une demi-heure, il y a des odeurs fruitées typiques, odeurs de poire cuite & de coing confit, qui s'entrelacent en parfaite harmonie. Ce qu'on a dit du nez se confirme en bouche : le vin gagne en volume, en profondeur, en finesse & s'étire comme un chat. Tout est en équilibre, tiré au cordeau, & rien ne prédomine, ni son acidité, ni l'alcool - qui passe inaperçu - ni sa magnifique amertume. Les mots manquent pour décrire sa grande originalité, sa pureté angélique, son extraordinaire persistance, sa grande beauté, tout simplement : une pépite d'or à prix d'aubaine. ( PVP : 19 € )

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