aprovechando mi viaje a Isla Cristina, encuentro una de estas botellas que en su día le regale a mi madre.
El vino se ha "dulcificado" bastante y no ha perdido la elegancia que atesoraba su nariz y su boca. A pesar de todas estas bondades, no lo creo merecedor de un sobresaliente, le falta el cuerpo y la estructura para conseguirlo.
A pesar de todo tengo que reconocer que es un vino con una extraordinaria RCP, ya que cuesta sobre los 6 €.
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