A pesar de las profecías de todas las hadas malvadas, este espumoso singular prefiere vivir que morir : sigue su camino y envejece con gracia, como la mayoría de los vinos bien educados.
El tiempo ha cambiado su color : ahora, tira a rubio bermejo. Crepita suavemente en nuestras flaútas. En nariz, hay algo más : no sólo fragancias de durazno plano y de litchi sino también sutiles olores a flor de tilo, a cera de abeja y a limón escarchado. Despliega sabores novedosos a kiwi amarillo, a mango peruano y a tarta de ruibarbo. Siempre vivaz, muy salivante pero más rotundo de lo que había sido antes, bien equilibrado, y aún largo en boca : al final, aparecen toques de avellana y de tranquillón.
La etiqueta no tiene ninguna importancia : el champán cuesta un ojo de la cara, mientras que este cremant de Alsacia - fuente inagotable de placer - está al alcance de todos los bolsillos.
( PVP en la época : 11, 10 € )
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