Restaurante Shija Sabores de Los Balcanes en Valencia

Restaurante Shija Sabores de Los Balcanes

Datos de Shija Sabores de Los Balcanes
Precio Medio:
32 €
Valoración Media:
7.1 10
Servicio del vino:
7.4 10
Comida:
6.5 10
Entorno:
6.0 10
Calidad-precio:
8.1 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Valencia
Localidad: Valencia
Dirección: C/ Císcar, 26
Código postal: 46005
Tipo de cocina: Tradicional, Mediterránea
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: domingos, lunes noche, martes noche

Teléfono


4 Opiniones de Shija Sabores de Los Balcanes

Años después de insignes comentaristas de Verema, el local sigue sobreviviendo a crisis y pandemias, que no es poco.  Mantiene un aire muy auténtico en un local tipo tubo, algo más amplio en la entrada y luego mesas pegadas a la pared hasta el fondo donde se sitúa la caja entrada a la cocina y al baño; más un pequeño espacio sobre la acera a modo de falsa terraza donde nos ubicamos los 6 únicos comensales del día.

Dentro hay una decoración con elementos propios de la zona sin agobiar. Mesas con manteles de camino de mesa (en el interior), cubertería sencilla, copas de vino mejores y peores (las primeras que usamos), vasos para cerveza mejorables, vajilla interesante aunque no siempre acertada al combinar con los colores de los alimentos, pero sobresaliente en general.

Servicio de sala (en realidad de calle) de la bebida (cervezas y vinos) con buenas explicaciones aunque sin continuidad en el servicio de vino. No hay ya opción de maridaje y solo un par de posibilidades en cervezas y en vinos probablemente por problemas de suministro en estos meses pasados, así que a probarlas todas. Empezamos con cervezas, hasta 7, de la rumana Ursus, ligera y de fácil entrada para continuar con algo más complicado y exótico, 5 cervezas de la búlgara Wymehcko alejada de las sensaciones de aquí pero interesante. Posteriormente pasamos al vino con orden de paises inversos: en primer lugar un tinto búlgaro Menada Mavrud 2017 del valle de Tracia con pocos grados y fácil de beber; acabamos con la segunda opción un rumano Sin Of Drácula 2018, un cabernet sauvignon con un punto dulce incluso aceptable para acompañar el postre y que parecía comprado en una tienda de souvenirs. También 3 de agua sin gas Lanjaron (medio litro) y una sorprendente agua ViChy con gas en bote con tapa para evitar el desvente.

Para comer, cómodos y amplios en el exterior, y aunque a medio día es el menú del día lo que se lleva, nos ofrecen como si nos leyeran el pensamiento, el menú degustación "Experiencia" (22€, todo incluido) de la semana (jueves a sábado) habitual en las noches y que expresa mucho mejor la cocina del chef, originario de Armenia, y que con su amable compañera en la sala se volcaron en darnos explicaciones de los platos y en recoger algunos comentarios con muy buena interacción que hicieron ganar muchos enteros en el disfrute de la comida. Lo que nos prepararon:

. hummus con salteado de setas, tomates cherrys y salvia: un colorido hummus de garbanzos con sabores más frescos, con setas y granada con un pan tradicional tipo brioche, algo dulce, con pasas

. tosta de sardinas ahumadas, paté de kalamata y panceta ahumada: de la zona del Mar Negro, unas sardinas que son de por sí de pequeño tamaño, pero sabrosas y buenas sensaciones ahumadas, acompaña de pan de centeno en la base, el paté de aceituna negra y panceta también ahumada que aporta jugosidad y decorada con brotes de hinojo y acedera

. salmón macerado en hoshaf y mandarina con curry de remolacha: el salmón está cocinado con toques dulces de almíbar de mandarina y una salsa de ciruelas secas; en la base un puré de remolacha con especias

. tajin de pollo con higos frescos y tzatziqi griego: pollo hecho con cous cous con hierbas (tomillo, albahaca, pimienta negra, orégano, acedera) con una tradicional salsa griega tzatziqi (salsa de yogur con pepino) y con higos frescos. 

Hubo quien se resistió al pollo y se le cambió el plato por un arroz seco de Turquía con hierbas, frutos secos, granada y con berenjena que simula carne. Referido con bueno.

. codillo ibérico (¿?) a baja temperatura con blita: el cerdo (algo más grande que un lechón), más común en la cocina de los Balcanes de lo que nos parecía, cocinado poco a poco (16 horas) con blita que es una hoja de verdura nacida en Creta, similar al bledo pero más amarga, también con cítricos, algo de aceite de oliva, especias al gusto... Muy rico.

. baklava: postre turco hecho con varias capas de masa filo relleno de nueces y empapado en almíbar muy suave, quedando menos saturado de dulce de lo que suele ser habitual por la zona.

Un poco de pan nada destacado y unos buenos cafés finales acompañan una sobremesa interesante en esta nueva cita de parte de la peña que nació, años ha, en Montreal como grupo de "Los Leñadores" por los apretados y flocklóricos gorros para unas primeras nieves que nos cayeron por sorpresa al día siguiente de un viaje relámpago de ida y vuelta en el día a las cataratas del Niágara (678 km de ida y 678 km de vuelta) pero también nos dió tiempo a pasar y disfrutar en Steakhouse Niágara que no solo de fotos vive el viajero.

  • codillo

  • arroz

  • pollo

  • salmón

  • sardinas

  • hummus

Local grato, discretamente moderno. Comedor casi lleno. La cena era especial, con guitarrista. Estos fueron los cinco platos con sus cinco vinos correspondientes:

1. Sopa fría de yogur con salmón y queso feta.
2. Mousse de tomate.
3. Hamburguesa de atún con puré de calabaza, rúcula y salsa de frambuesa.
4. Pollo al curry al estilo turco con hierbas (que son secreto) y cus-cus con salsa de higos y uvas.
5. Soufflé caliente de chocolate.

1. Copa de vino blanco seco de uva moscatel de Alejandría “Limnos 2008” (Grecia).
2. Copa de vino tinto semiseco “Mecha Izba” (Bulgaria) de 10º.
3. Copa de vino tinto “Sin of Dracula Merlot 2007” (Transilvania, Rumanía), único vino con crianza de la noche, según se nos informó, con 6 meses de barrica.
4. Copa de vino tinto “Bärenblut 2009” (Macedonia) de uva Vranac.
5. Copa de un vino blanco dulce (pero poco) de moscatel (Bulgaria).

Mesa bien servida, con cambio de cubiertos en cada plato. Atención diligente, sin molestar, muy acertada. Buen servicio del vino, incluyendo el ofrecimiento de rellenar las copas en cada cata. Las breves explicaciones sobre los platos y los vinos del cocinero-sumiller, natural de Albania, resultaron útiles (algunas etiquetas no venían en alfabeto latino). La música, no siempre balcánica, contribuía al ambiente inusual.

La sopa fría de yogur la hubiera encontrado buena incluso una persona a la que no le gustara el yogur, pues no se apreciaban aromas lácteos. El mousse de tomate también estaba bueno y sabía distinto a cualquier gazpacho español. La hamburguesa de atún, en cambio, nos resultó pesada. Nos gustó el pollo al curry al estilo turco, moderadamente picante. El postre de chocolate bueno, según dijo quien pudo llegar.

Vinos ligeros distintos de lo habitual, sencillos pero raros. Nos gustó sobre todo el “Limnos”, un blanco seco con cierta untuosidad y cuerpo, frutal (piña) y herbáceo, que no parecía de uva moscatel.

En resumen, disfrutamos de una comida exótica que nos pareció auténtica, a un precio excepcional (30 euros por persona).

Muy atraído por lo de cocina balcánica acabé disfrutando de un menú más bien de platos pan-mediterráneos (dolmakias, hummus, tzatziki,...). Algunos muy logrados, otros menos, pero con un nivel medio bastante bueno. Comida muy abundante hasta superar mi glotonería. Servico cercano y amable, de los que te hacen sentir como en casa. Coperio decente y servicio esforzado que cumplió sobradamente con mis expectativas. Local sencillo pero agradable.

Acudimos a este restaurante para realizar una de las catas de la Penya La Verema. No lo conocía, y eso de la cocina de balcánica me atraía bastante, así que acudí a la cita con buena expectativas.

Restaurante de decoración sencilla, cómodas sillas y mesas bien distribuidas. Es un local pequeño y acogedor que sin tener una atmósfera especial, te invita disfrutar de la comida.

Cocina básicamente mediterráneo, con especial protagronismo de la zona de Los Balcanes. A destacar las preparaciones del tipo hummus, la salsa tzatziki que la bordaron y un tremendo cuscús con cordero que, tras el largo menú, no pode terminar.

Se trata de recetas sencillas, con sabores bien matizados, con un toque exótico. Interesante menú a buen precio.

No vi la carta de vinos, pues llevábamos nosotros el cargamente, pero las copas y el servicio prestado por el personal del local, estuvieron a la altura de las circunstancias.

Volveré otro día para probar más cosas.

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