Restaurante Aitana

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Datos de Aitana
Precio Medio:
30 €
Valoración Media:
8.1 10
Servicio del vino:
3.0 10
Comida:
10.0 10
Entorno:
5.0 10
Calidad-precio:
9.3 10
Fotos:
0
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 25,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: lunes

Teléfono


2 Opiniones de Aitana

Sitúense. Dénia, 20:25 h. En la calle Sandunga y ante las puertas del bar Aitana una docena larga de personas aguardan silenciosamente la apertura de puertas. Llego y me sitúo el último (mis acompañantes han ido a estacionar el vehículo). Los transeúntes nos miran con curiosidad y hasta una señora se acerca a preguntar qué es lo que pasa en ese bar. Marisco y pescado muy fresco, le contesto. A las 20:30 puntualmente se abren las puertas y los clientes entran en el local y toman asiento en la barra. Hay cuatro mesas con el cartelillo de "reservado" (desconocía la opción de reservar) aunque, al final de la cena, prefiero mucho antes la barra que estar en mesa. No queda espacio para mi y, como mis amigos aún no han llegado, esperaremos al segundo turno. Sigue el silencio estremecedor. Ximo, el propietario, y su mujer (?) colocan un plato y los cubiertos frente a cada uno de los comensales de la barra y se encargan de servir las bebidas que cada uno pide, uno desde cada extremo de la barra hasta encontrarse en el centro de ella, como un ritual orquestado que se repite servicio tras servicio. Tienen el buen detalle de preguntarme a mi por la bebida, así como a otra pareja que llega tras de mi.

Inmediatamente después, empiezan a salir platos de gamba roja hervida que se colocan ante cada grupito de comensales (platos para dos, para tres...). Le seguirán platos de mejillones, de tellinas, de sepionet... Nadie pide nada. Ximo va sacando cosas y cada uno "se planta" cuando quieren. Pagan y se van. EL silencio ha cesado. Pronto el jolgorio y la conversación desenfadada se apoderan de la barra e, incluso, los diferentes clientes empezamos a interactuar entre nosotros. A la media horita logramos sentarnos los cuatro en la barra y empieza el festín:

- Gamba hervida: tamaño mediano y diverso. Magistralmente cocidas, sin pero alguno. Un pelín faltas de sal, muy poco. Ración increíblemente grande (tomaríamos unas 6/7 por persona).

- Mejillones al vapor: con una vinagreta de vinagre, valga la redundancia, como jamás había probado antes. Calibre XL y muy ricos.

- Tellinas: Muy pequeñitas, pero sabrosas. Las pipas del mar. Entretenido.

- Sepionets a la plancha: extremadamente tiernos y con la cantidad justa de "picaeta". Deliciosos.

- Fritura de pescado: distinguimos "aladrocs", "bacallarets" y "palaes" (boquerones, bacaladillas y...). Perfección en la fritura.

Decidimos plantarnos aquí para dejar sitio a otras personas que esperaban tras nosotros y para tomar un par de tapas más en otro local de la misma calle que solemos visitar. Vimos salir a otros comensales berberechos, hígado de rape... Acompañamos todo de múltiples cañas y una botella de Sanz Verdejo (no existe la carta, ni copas; bebimos en vaso tipo "zurito").

Somos gente de quedar tarde a cenar y jamás habíamos conseguido cenar en el Aitana (y mira que lo habíamos intentado). Vista la experiencia, vale la penar quedar algún día bastante antes, sobretodo ahora que llega el otoño y el invierno, y acercarse a disfrutar de la experiencia "Aitana" (me permito la licencia de bautizarla así.

Pequeño bar en una bocacalle de Marqués de Campo, con apenas 5 mesas (y otras pocas más en el piso de arriba para cenas)pero reservadas con semanas de antelación, la única opción es, ir pronto y comer en la barra, de ese modo además disfrutarás de la conversación y el humor ácido y socarrón de Ximo, el propietario. Ël sólo lidia con el servicio de todo el bar, junto a un par de personas en cocina. Los platos en orden aleatorio se suceden uno tras otro mientras haya hambre, pero aquí no hay ni carta ni precios, Ximo ejerce una férrea dictadura gastronómica y elige el orden de lo que va sirviendo, por supuesto si te apetece algo concreto lo pides sin problemas. Se trata de marisco y pescado fresquísimo que el propietario se encarga de comprar dos veces diarias (para comida y cena):gamba de Dénia cocida, cigalas, tellinas, gallos, boquerones, pescadillitas, palayas, calamar... todo de primerísima calidad en un marco insólito, una barra llena de gente esperando el siguiente plato sin saber cuál sería, pero sabiendo que staría buenísimo. Elegimos, pescadito frito, cómo estaban los boquerones, palayas y pescadillas, un calamar cortado insuperable, la gamba cocida exquisita, unas clóchinas con un aliño de perejil espectaculares y unas enormes tellinas, que con 6 cañas hicieron un total de 50€. El resto de comensales bebían el vino,supongo de la casa, un Sanz de Rueda que servía en cubitera, en pequeños vasos tipo corto, o zurito. Imborrable reuerdo

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