Recomendación de una muy buena amiga que lo conocía por haber estado en varias ocasiones.
Pequeño restaurante situado en una de las callejuelas del Puerto Viejo de Algorta (Getxo), precioso barrio pesquero que surgió allá por el siglo XVIII y que ha llegado a nuestros días resistiendo los azotes de mil y una tempestades. Ahí continúa siglos después, aferrándose al pasado, intentando no perder su identidad ganada con esfuerzo de generaciones enteras dedicadas al mar, superando día a día la presión urbanística que lo arrincona contra el acantilado.
Merece la pena dejar el vehículo en el parking situado en la parte inferior del pueblo, junto al pequeño puerto que todavía da refugio a unas pocas “txalupas” (pequeñas barcas de pesca) y subir andando por las empinadas escaleras que se van adentrando en un pueblecito de casas desordenadas, de arquitectura típica marinera, con balconadas y ventanucas que se asoman curiosas como queriendo ver quién pasea por el lugar. A cada paso que uno da surgen un sinfín de callejuelas que invitan al caminante adentrarse por ellas y descubrir cada uno de sus rincones.
Cuando ya la cuesta arriba comienza a hacer mella en la respiración, en uno de los callejones situados en la parte superior del pueblo, se divisa el cartel de hierro que nos indica que hemos llegado a buen puerto.
Local de reducidas dimensiones, estrecha entrada que desemboca en una barra de bar que expone una muestra representativa de lo que allí se ofrece (quisquillón, percebes, anchoas…todo muy fresco). El comedor se sitúa a la izquierda, tan sólo espacio para 8-10 mesas, nada más. Decoración tradicional con toques marineros. Vigas de madera en el techo y también a modo de pilares que sustentan la estructura. Se reparten por las paredes cuadros con paisajes de la zona, redes de pesca, anclas, remos y un timón de madera entre otros motivos marineros.
Habíamos reservado por teléfono y al entrar nos comentan que elijamos la mesa que queramos. Elegimos una para 4 comensales, que para 2 que somos resulta amplia. Vestida con mantel de tela blanco y bajo mantel de tela a cuadros blancos y azules. Vajilla normal, cubiertos normales y copas para el vino aceptables.
Se acerca el camarero y nos canta todo lo que han podido robar ese día al mar, todo fresco (ya nos habían advertido que “cantaban” la carta, pero a nosotros no nos importa). De entrantes quisquillón, langostinos, almejas en salsa, percebes, anchoas. De segundo nos ofrece pescado fresco salvaje: Rey, Rodaballo, Merluza, Mojarra y alguno más que no recuerdo.
Nos decantamos por lo siguiente, dos comensales, todo para compartir:
1-PERCEBES COCIDOS: una hermosa ración, calientes en su justo punto, tamaño no muy grande pero tampoco pequeño. En boca muy sabrosos, punto de sal estupendo. Nos gustaron mucho. Comentándolo con el camarero nos dijo que eran cogidos en el entorno por una persona de confianza, reconoció que no eran muy grandes pero es lo que había dado ese día el mar. (26,40 € Iva incluido). Ver foto.
2-ALMEJAS EN SALSA: presentadas en cazuela de barro, buen tamaño. Muy jugosas, se notaba que era buen producto. La salsa…¡ay la salsa! Era una especie de salsa verde con tomate frito que la confería y color rojizo. Sabrosa, rica de verdad. Comencé a untar pan y viendo que se me terminaba antes que la salsa, opté por coger directamente la cuchara y terminármela. Cuando llegó el camarero preguntó si no nos habían echado salsa al ver la cazuela impoluta, yo solo pude mirarlo con cara de niño travieso. (22 € Iva incluido). Ver foto.
3-REY: hermosa pieza para dos, aprox. 1,2 kg. Hecho a la plancha y servido con refrito de aceite y ajos y como guarnición patata cocida. Realmente rico, carne muy fresca. El único pero fue que las zonas finas (bordes) estaban pasados de plancha y eso hizo que perdieran mucha jugosidad en el contorno. Eso sí, el centro de la pieza, zona mucho más gruesa que los bordes, estaba muy jugoso, en su punto. (73,7 € Iva incluido) Ver foto.
4-De postre, también nos los cantaron: tartas caseras varias, cuajada, queso...nos habían recomendado tarta de plátano y chocolate. Elegimos esta última y compartimos una ración. Muy rica la mezcla chocolate-plátano.
Dimos por terminado el banquete con una infusión y un café sólo. Ricos ambos. (3,20 en total Iva incluido).
Para acompañar la comida pan casero servido en cesta de mimbre, nos gustó mucho.
En cuanto al vino, en la vitrina que tenemos frente a nosotros, vemos una colección de botellas, todas ellas tinto: Viña Alberdi, Bai Gorri, Marqués de Vitoria, Campillo, Viña Ardanza… pero preferimos blanco, nos decantamos por una botella de Albariño Bouza Do Rei, 2012. Buena temperatura inicial y refrigerado durante la comida en cubitera de gel. (19,80 € Iva incluido)
Nunca antes lo había probado y me sorprendió gratamente. Estupendo color dorado, sabor afrutado, nos gustó mucho. Las copas que estaban en mesa eran demasiado gruesas y solicitamos cambio y nos trajeron otras más adecuadas sin ninguna objeción.
También bebimos una botella de agua.
Servicio de mesa atendido por un único camarero; atiende correctamente y sin florituras las 3 mesas del comedor que están ocupadas; en total 7 comensales. No faltó de nada, y el propio camarero era el que manejaba con éxito los tiempos entre plato y plato, guiando a la cocina para que los alimentos llegaran en su justo momento a la mesa, evitando así largos tiempos de espera.
Pagamos la cuenta que asciende a 157,08 € (Iva incluido).
Restaurante de corte marinero, trabaja con materia prima de calidad en elaboraciones tradicionales. Puede resultar una buena alternativa a los “grandes” restaurantes de pescado, dado el valor añadido que le aporta el lugar donde se encuentra ubicado.
Volveré otro día a probar lo que consigan robar al mar.