Te felicito por tu nuevo comentario , can mia, es otra forma diferente de celebrar un festin gastronómico.En mi circulo de amigos y familia hemos celebrado en dicho local orgías gastronómicas iguales hoy en dia que hace 20 años, salud.
El local ocupa una masía de complicado acceso a través de un camino sin asfaltar. Se encuentra en un hermoso paraje natural y lo primero que llama la atención son los numerosos anexos donde podemos contemplar diferentes animales, pavos reales, avestruces, pollos camperos, pintadas, faisanes. Sonidos, olores y colores que nos llevan al más puro concepto del “kilómetro 0”, de un restaurante que trata de autoabastecerse, aunque eso sea imposible técnicamente. El comedor es rústico y sencillo, algo ruidoso, es sábado a mediodía y está a tope. Tiene su encanto.
La cocina es sencilla, casera y honesta, basada en los productos que nos da la zona, sus especialidades son los caracoles, que probábamos por primera vez y nos gustaron mucho, unas patatas rellenas de carne y por supuesto los rustidos, hablamos del autoproclamado “rei dels rostits”. Por nuestra mesa fueron desfilando rustidos de pintada, pollo campero, pato, oca, faisán y jabalí. Todos ellos jugosos, sabrosos, contundentes, gigantes, respetando siempre los sabores y las texturas de cada carne. Nuestros preferidos fueron los de pintada por lo jugosa que resulta su carne y el de jabalí, que acompañado por una mermelada casera de frutos rojos estaba de lujo. Los postres igualmente caseros y sabrosos, destacando las cremas de café y chocolate, la crema catalana y el flan que queso. Todo un festín imposible de acabar.
El servicio del vino es casi inexistente, prácticamente se reduce a un tinto de la casa servido en porrones, que los clientes bebían con mucho ahínco y a un cava, nos pareció que era un Jané Ventura servido en copa de cáliz ancho. Como íbamos con amigos de la casa nos dejaron llevar vinos y copas no cobrando descorche y lo cierto es que son situaciones que siempre resultan de agradecer, máxime en un lugar donde se come tan bien y se puede sacar muy buen partido de los vinos. El servicio y el trato de Pere Miá y su gente es casi paternal con el cliente y consigue que te sientas como en casa. En cuanto a precio, salimos a unos 40 euros por persona, más de lo habitual que suele estar sobre los 25-30, pero es que la cantidad de comida que sacó fue también mayor de lo habitual, casi para un regimiento. En cualquier caso, magnífica RCP.
Un lugar que nos muestra un concepto diferente de lo que debe ser un restaurante, casi una filosofía, una manera diferente de entender lo que es el respeto y la integración con la naturaleza que te rodea. Eso es Can Miá, todo eso y mucho más. La personalidad arrolladora de Pere hace el resto. Un lugar para volver, pero siempre con el estómago vacío. Abstenerse dietistas.
Para más información con fotografías les remitimos a la página del blog:
https://www.verema.com/blog/eugenio/847505-bulli-can-mia-dos-caras-misma-moneda-ii
Te felicito por tu nuevo comentario , can mia, es otra forma diferente de celebrar un festin gastronómico.En mi circulo de amigos y familia hemos celebrado en dicho local orgías gastronómicas iguales hoy en dia que hace 20 años, salud.
Gracias, a mí me sorprendió muchísimo, es diferente a todo. Y lo más importante es que comimos y nos lo pasamos muy bien. Volveremos seguro, en cuanto vaya por allí con más tiempo.
Saludos,
Eugenio.
Solamente un pequeño matiz, los vasos de duralex estan muy rayados, y algunos con bastante cal incrustada en las rayaduras, creo que no los pago en pesetas, estos se pagaron en centimos, o en reales.
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