Restaurante La buena vida en Madrid
  

Restaurante La buena vida

8
Datos de La buena vida
Precio Medio:
54 €
Valoración Media:
7.2 10
Servicio del vino:
7.6 10
Comida:
7.6 10
Entorno:
6.3 10
Calidad-precio:
8.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Chamberí
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 45,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


8 Opiniones de La buena vida

¡Qué lugar tan agradable!

Premisa: El menú tiene que desaparecer y hay que volver a la carta. Si non e vero e ben trovato.

Carta asumible y apetecible toda; claro, que yo como de tó :-)  Creo que fuera de carta hay la misma cantidad de platos que dentro. Digo creo, porque fui incapaz de retener todos los platos. Doy para lo que doy. No me pidáis milagros. Te cantan los platos y te dicen los precios, que siempre está bien.

Extensa carta de vinos en la que puedes encontrar cosas con precios asumibles y se salen del sota, caballo y rey. Además es diversa, no es tampoco una de esas cartas que según la ves sabes quién es el que la ha hecho. Y eso es un punto (y gordo) a favor. ¡Diversidad! ... y buen servicio.

Vamos con el comercio y bebercio. La cocina de este lugar es... ¿cómo decirlo? ¿Acogedora?

Algunas personitas humanas optamos por tomar erizos. Muy ricos, si bien pelín complicado de comer. Venían acompañados de otro recipiente en el que había erizo, yema de huevo y caldo... yyyy tuve que pedir instrucciones para ver cómo se comía el asunto. Muy rico, pero algo complicadete para manoplas como yo. Otras personitas humanas tomaron habas (repeladas) con butifarra (de Rovira). Tenían un aspecto excelente y decían que estaba rico.
Después hubo calamar en su tinta, que también gustó y de muy buen aspecto, raya a la mantequilla negra, que también parece que gustó y yo opté por patatas a la importancia con congrio; muy buenas y con una ligera punta picante.
A los postres tatín de manzana con helado de PX y crema. Repetimos. Estaba rico :-)

De bebienda un par de botellucas de Chass que le fueron muy bien a lo comido.

Y todo este asunto ¿a cómo salió? Pues unos muy razonables 54 EUR por cabeza humana.

Para repetir.

Hoy tocaba visitar, después de mucho tiempo desde la anterior visita, a este comedor ubicado en la zona de Salesas, abierto desde hace 15 años, y que desde sus orígenes se ha caracterizado por ofrecer un producto de alta calidad con unas preparaciones sencillas que no impidan que el producto pueda ofrecer todo su sabor, al contrario, esas preparaciones tiene como misión el reforzar el producto, nunca anularlo.
Ojo, no es un sitio barato, pero ya sabemos que la calidad se paga, y si es alta, se paga gustosamente.
Tiene una carta breve que se complementa con las ofertas fuera de carta, sugerencias que varían dependiendo de la estacionalidad, y que se acompañan del precio correspondiente. Ojalá todos los restaurantes imitaran esta buena practica.
Carta de vinos amplia con presencia de muchas referencias foráneas y precios en consonancia.
La sala, a mi juicio, no es un punto fuerte, es cierto que tiene un aire de bistrot, pero las mesas son mas bien pequeñas, bastante próximas, y con una iluminación un tanto escasa, eso si, la atención es exquisita.
Empezamos la fiesta con unas tostaditas de pan acompañadas de unos cuencos con tomate natural, tapenade y un aceite de arbequina.
Proseguimos con unas Habitas de Guetaria, repeladas, con butifarra negra de Rovira y con un fondo de caldo de ave. Impresionante, un caldo que no enmascara los sabores, unas habitas casi crudas que saben a gloria, y unas Alcachofas de Tudela con callos de bacalao, otro plato para nota.
Una Raya a la mantequilla negra, académica, canónica, de las mejores que se pueden tomar en la capital, y un Tournedo al vino de Marsala, perfecto de punto, tierno y jugoso.
Solo quedaba sitio para un postre, y de los mas afamados, nos quedamos con la Tarta Tatin con crema de leche cruda, perfecta de ejecución, ligera, muy buena.
Cafés con hielo y unos petit fours de acompañamiento ponen fin a esta visita, que habrá que repetir sin tanta distancia temporal, no en balde, me identifico con la opinión de parte de critica que califica a este lugar como uno de los "tapados" del panorama gastronómico capitalino.

  • Tarta Tatin con crema de leche cruda

  • Tournedo al vino de Marsala

  • Raya a la mantequilla negra

  • Alcachofas de Tudela con callos de bacalao

  • Habitas de Guetaria con butifarra negra de Rovira

Se trata de un coqueto espacio con una carta más bien corta, y diversas opciones fuera de la misma en base al mercado y la temporada. Dependencia estacional para completar la propuesta. Elisa nos comenta esas posibilidades de fuera de carta: Habitas de Guetaria, Pulpitos del Maresme, Rebozuelos, Lubina, Becada,…El producto en mayúsculas de forma intencionada. Exploración en el abastecimiento para cocinar género de alta gama y calidad. Un detalle a resaltar es la incursión del precio en la enumeración de todo aquello que se presenta fuera de carta (no siempre se hace, aunque siempre debería de ser así).

Me hubiera gustado recorrer el menú degustación, pero esta vez fui minoría en la mesa; ya que el resto de mis acompañantes no querían cenar tanto. De esta forma nos decidimos por dos entrantes a compartir para liego sumar un plato de forma individual. Comenzamos con unas habitas de Guetaria con jamón y fondo de ave. Pura delicadeza, de gran finura. A destacar la suavidad del fondo para que las habitas sigan siendo protagonistas.

A continuación unos rebozuelos salteados, sencillez y sabor. Sensibilidad para obtener un punto de agradable textura y manteniendo su potencia. De mojar con pan el poco caldito que han soltado. Por cierto a destacar el pan que realizan en esta casa. A elegir entre blanco e integral. Cuidando los detalles, como el de emplatar individualmente los entrantres aunque se sean cuatro personas y se haya pedido una ración de cada una.

La mañana había sido bien carnívora de forma que tenía claro que tiraríamos por los pescados. De la carta, me llamó la atención la raya a la mantequilla negra. Clásica receta francesa que actualizó Escoffier en el 1902, eliminando el hígado del propio pescado. Resulta tremendamente jugosa con el pescado en su punto exacto. La salsa nada contundente para cual es su ingrediente principal, dotando las alcaparras de equilibrio y de unos toques amargos que combinan con otros más grasos. También destaca la melosidad, y densidad de la salsa, entiendo que provocada por la gelatina que la raya ha ido soltando. Se acompañaba de unas pequeñas patatas asadas.

También simplemente probamos (mi cómplice más, yo menos) el steak tartar con ligero toque picante; pero algo plano. Correcto, sin llamar mucho la atención; puede que para nuestro gusto le falte algo de intensidad al resto de ingredientes que suelen acompañar un steak tartar. Viene acompañado de patatas fritas caseras, un buen gesto, aunque éstas hayan resultado demasiado hechas, un poquito casi quemadas.

Finalmente compartimos una tarta tatin de manzana que viene acompañada de una crema de leche. Acidez y ligereza.

En resumen, producto y producto para rematar una carta sencilla. Técnicas “fáciles” para respetar al máximo el buen género que Carlos gestiona. Por otra parte, el comedor resulta algo angosto, y las mesas se encuentran algo juntas; lo cual se amplifica cuando el local está lleno como suele ocurrir los fines de semana. Este aspecto de alguna forma se balancea con la atención de Elisa, y el interés cercano y humilde de Carlos para conocer que nos había parecido la cena.

Volveremos a “La Buena Vida” para percibir el producto y la sensibilidad. Como siempre para leer el post completo...http://www.complicidadgastronomica.es/2013/03/restaurante-la-buena-vida-producto-y-sensibilidad/

Ayer noche nos acercamos a conocer este bonito restaurante ubicado en una de las zonas de moda de los madriles.

Local pequeño y con pocas mesas. La nuestra situada junto al ventanal y con suficiente espacio. Restaurante acogedor.

Estupenda recepción. Carta corta pero con bastantes fuera de carta. Optamos por tomar un menú a 45 € que incluía.

- aperitivo. Tapenade, aceite y picada de tomate acompañado de mini tostadas.

- guiso de patatas, níscalos y butifarra.
- trompetas de la muerte.
- alcachofas con berberechos.

- raya a la mantequilla negra.
- steak tartare. Dan a probar el punto antes de servir.

Nos dieron a elegir postre y cogimos uno cada uno.

- tarta de queso
- tatin manzana.

Todos los platos a muy buen nivel. Menú redondo y sin altibajos.

Carta de vinos corta pero muy bien seleccionada. Tomamos un guigal del rodano que fue ganando con el tiempo. Dan a probar y dejan botella cerca con cubitera.

Dos tipos de pan. Servicio atento y amable.

Sin duda un descubrimiento. Volveremos.

Precio del menú

Escondido entre locales de zapatos y tiendas cool de Madrid se encuentra “La Buena Vida”, un pequeño rincón en el que la materia prima y el tesón de un joven matrimonio ávido por hacerlo bien, hacen que cada visita haga honor a su nombre.

De la comida se encarga Carlos, que apuesta siempre por productos de primerísima calidad y elaboraciones que no enmascaren la esencia de los mismos. Para empezar, una burrata que se deshace en la boca, un gazpacho de carabineros o, si hay suerte y es época, unos guisantes de lágrima que probablemente consigan que derrames las tuyas.

De segundo, un tataki de atún que aún coletea en el plato, una carne digna de la mejor chimenea normanda o una perdiz escocesa tan potente y auténtica que habría impresionado al mismísimo William Wallace.

Los postres, como el resto de cosas, están cuidados y mimados, pero es imprescindible para mí no poner un pie fuera de esa casa sin haber probado la tarta de queso, un dulce casi líquido del que lo único que sientes es ver que cada vez queda menos en el plato…nada recomendable para compartir.

De los vinos se encarga Elisa, y en carta siempre me encuentro referencias interesantes. Mucho champagne y vino francés “del bueno”, así como alguna referencia italiana, neozelandesa o americana. Una selección diferente, muy personal y apta para quienes quieran también escapar de España para viajar fuera.

Un restaurante muy especial, para sentirse a gusto, para cenar tranquilo y disfrutar, seguro, de esos pequeños momentos que al final distinguen una mala de una buena vida.

Fuimos a cenar un miércoles y estaba lleno. Se notaban que eran clientes habituales casi todas las mesas. El restaurante tiene un ambiente muy agradable, es acogedor.
El servicio es bueno, educado, informal y muy amable.

Nos dejamos aconsejar por las sugerencias del día, compartimos cuatro platos:
- Mejillones de roca con curry, estaban buenísimos
- Habitas repeladas de Guetaria. Un producto excepcional.
- Raya a la mantequilla negra. Creo que es un clásico de la casa.
- Steak Tartare con unas patatas caseras muy buenas
- Unos quesos de final
- Bebimos un Burdeos, Ch Côte de Belau, St Emilion. Copas Riedel.

Los dueños te despiden en la puerta y se nota que ponen mucho cariño en lo que hacen.
Nos gustó mucho y repetiremos pronto.

Coincido en casi todo con el primer comentario,pero despues de leerlo llame expresamente para reiterar una mesa que no estuviera ni muy junta ,ni en lugar de paso y despues de confirmarme que asi seria al llegar a cenar la mesa solicitada y confirmada estaba dada.Lmejor sin duda la corta ,pero bien elejida carta de vinos-sobre todo los franceses-;copas y Tª adecuados.La comida me decepciono:lo mejor las amanitas salteadas (fuera de carta 23 euros),el bacalao negro (19,5 eur)insulso y los tres atunes (23 euros) tampoco me entusiasmo.Postre :tarta 3 chocolates (7 eur)con sabor industrial.Resumiendo mala RCP 40-45 eur+vino.

Pequeño restaurante tipo bistrot. Mesas algo juntas en alguna zona y alguna silla muy en zona de paso. En general entorno agradable y gente guapa. Para amenizar espera: arbequinas, tapenade, picada de tomate y aceite virgen. Comida con buena materia prima. Destacar entre los entrantes las croquetas de jamón, o las angulas de monte (ración escasa) y entre los segundos un plato que llaman 3 atunes (sashimi, tartar y tronco con sésamo en salsa de soja), delicioso en todos los sentidos, y un buen solomillo de ciervo. Postre absolutamente olvidable. Un pero, precio aparte: había más cosas fuera de carta que en la propia carta. Aceptable servicio del vino (aunque en nuestra mesa había copas de dos vajillas) y muy buena sugerencia para maridar con lo que pedimos: Crozes-Hermitage Les meysonniers 2005 a 22 Euros ( x 2 sobre tienda)buen syrah del Ródano que acompañó estupendamente. Interesante carta de vinos especialmente los franceses que se imponen en numero a los nacionales. A destacar la amabilidad de la jefa de sala. Tomamos copa y café para sobremesa y salió a 50 Euros por barba el total de la noche. Resumen: algo caro pero rato agradable, es posible que repita en algún momento.

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