Restaurante Alacena de las monjas en Granada

Restaurante Alacena de las monjas

Datos de Alacena de las monjas
Precio Medio:
51 €
Valoración Media:
6.3 10
Servicio del vino:
5.0 10
Comida:
6.8 10
Entorno:
7.6 10
Calidad-precio:
5.8 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Granada
Localidad: Granada
Dirección: Plaza del Padre Suárez, 5
Código postal: 18009
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 45,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingo

Teléfono


8 Opiniones de Alacena de las monjas

Volvimos a este restaurante por lo perplejos que nos dejó en anteriores ocasiones. Era perfecto!!. En cuanto nos sentamos notamos algo raro. El servicio, en especial una camarera con pinta de enteradilla, penoso, poco profesional. Lento, incluso pasota. Y llegó la comida....PERO QUE ES ESTO!!, el Tataki, que le ha dado fama, era incomible,salado,mal cortado, las berenjenas habían cambiado, otro de sus platos insignia.Los segundos platos no mejoraron la velada, el pescado no era fresco y las carnes secas y pasadas.Preguntamos por el chef, que nos había atendido en otras ocasiones,pero....sorpresa ya no estaba, han cambiado y evidentemente, a peor! Una lástima, no volveremos!!

Restaurante Alacena de las Monjas me parece uno de los mejores restaurantes de Granada. Es uno de mis establecimientos preferidos para tomar vinos y hacer comidas informales. Los platos que mas me gustan y por este orden son: Tataki de Atún, La ternera y las famosas berenjenas presentadas en rulitos.
El servicio en general es bastante bueno y la selección y el servicio de vinos esta trabajado. Es posible tomar 15-20 vinos por copas a diario.
Sus salones privados son ideales para comidas de empresa.

Después de los buenos comentarios leídos en Varema nos decidimos a ir a este restaurante. Fuimos dos parejas con mucha expectación y salimos totalmente decepcionados.
Después de leer la carta decidimos preguntar si tenían algún menú degustación para poder probar varios platos, el camarero entro a la cocina a preguntar y nos dijo que nos serviría un menú de dos entrantes un pescado y una carne, después nos diría el postre.
El primer entrante una crema de calabacín servida en un vaso de carajillo, buena pero como la de Mercadona.
Segundo entrante, unas berenjenas con miel de caña, estas muy buenas.
Pescado: Corvina insípida cruda y cantidad muy pequeña, que aunque sobro toda porque no se podía comer, cualquier bar de carretera la preparan mucho mejor, mi señora pidió que la pasasen más y la chumascaron con un soplete. Tampoco se la pudo comer.
Carme: jarrete de cordero reseco insípido de los que se sirven en menú de 8 euros.
Postre: peras al vino que puedo decir me no quisiera ser pesado pero yo he comido mucho mejor en restaurante de menú 8 €.
Precio Total 200 euros 4 personas
No volveré a repetir ni yo ni nadie que me pida recomendación

Realizada reserva nos animamos a entrar en lugar de terraza y nos llevaron al piso inferior. Muy íntimo y agradable, además de ser bastante bonito. Parece ser la bodega o algún almacen antiguo de un convento.
El servicio muy agradable y atento y, aunque mejorable en cuanto a la carta de vinos, nos animamos por un blanco granadino que resultó bastante agradable. Bien servido.
En cuanto a la comida muy buen resuelto, en el punto correcto de cocción y bien presentado, con bastante cantidad.
Las alcachofas con foie muy buenas, y no le faltaba precisamente foie. Y de platos principales, el tartar de atún impresionante.
Espectacular por cierto el postre, especialmente el de "recuerdo de chuches".
Repetiría en caso de ir a Granada.

Estuvimos el viernes, 1 de julio, por la noche, tres personas. Como hacía una noche espléndida, a pesar de que el comedor de las bóvedas es recomendable, cenamos fuera, muy bien atendidos en una plaza bien hermosa.
Lo que más nos sorprendió, agradablemente, fueron los "rollitos" de berenjenas con miel, el tataki de atún de almadraba (excepcional) , un risotto de trigo con foie y un taco de ternera al horno que no están en la carta de la web y que merecen la pena.
La relación calidad precio es excelente porque en Madrid por 50 euros por cabeza, no comemos con esa calidad. Así que enhorabuena, que buena falta le hacía a Granada un restaurante como este.

El pasado mes de abril, en una visita habitual a Granada, pude probar los platos de Iván Hernández en el restaurante ALACENA DE LAS MONJAS, situado en el centro histórico y enclavado en lo que en el siglo XVI fueron las alacenas de un convento de monjas.
Tiene dos zonas bien diferenciadas. Una situada al entrar, dedicada a tapas; y otra, bajando unas escaleras, donde están las bóvedas, destinada a comedor, más tranquila y con una iluminación tenúe, que le aporta mucha calidez al ambiente.
Ojeando su carta (reducida, pero completa, tocando varios palos) con una Alhambra reserva 125, sirvieron un aperitivo de gazpacho de... (demasiado enfrascado con la carta), correcto.
El 2º aperitivo, elegido por mí, fueron unos crujientes de jamón ibérico con pan de cristal, muy sabrosos.
Tanto me habían hablado de su famoso tataki de atún rojo de almadraba con soja y jenjibre, que no lo dudé. No les faltaba razón: un plato excelente, con una fama y éxito merecidos.
Como principal, un solomillo de buey con pimientos. Tierno, pero le faltaba algo al plato para completarlo.
De postre, una torrija de brioche con sopa de leche aromatizada y helado de canela. Buen ensamblaje de sabores y texturas.
El vino elegido fue Calvente 2007 Castillejos, de la zona del sureste de Granada (con cabernet sauvignon y syrah, y algo de tempranillo y merlot), rojo picota, intensidad media en nariz, y un punto ácido en boca. La carta de vinos creo que está demasiado centrada en riojas y riberas
En definitiva, una recomendable experiencia. Volveré en una próxima visita, para probar sus tapas, también famosas

  • Bóveda del comedor

  • Tataki de atún rojo de almadraba con soja y jenjibre

En un viaje de fin semana a Granada y tras leer la buena y completa descripción de Latrufa sobre este restaurante nos atrevimos a probarlo, la verdad, todo un acierto. El sitio debió ser una antigua residencia de monjas ó monasterio, me hizo gracia que a la entrada hay una pila para agua bendita, en general el sitio muy bonito y acogedor.
De entrada trajeron una crema de calabaza que entraba muy bién, de primeros pedimos un plato de jamón iberico, bien, y las alcachofas salteadas con foie, espectaculares. Como segundos tomamos el bacalao y el taco de atun rojo, los dos con un punto de cocción perfecto. Para rematar un brownie de platano que estaba de muerte. Las raciones son abundantes, especialmente el postre.
Respecto al vino, la carta no es muy extensa aunque lo poco que tienen está bien. Nosotros pedimos un Emilio Moro que nunca falla, el precio un poco subido (x2 respecto a precio en tienda). Los gintonics normalitos y a 12 euros.
El servicio muy correcto y en general muy buena cena.

Local ubicado en el centro de Granada, en la encrucijada de estrechas calles que forman el bonito paisaje de esa zona de la ciudad, muy cerca de la catedral y gastronómicamente hablando también de la calle Navas y aledaños, donde se ubican numerosos locales de estimable consideración en lo que a tapeo se refiere.
El amigo Panconjamón me puso sobre la pista del lugar, gracias a una recomendación que un amigo le había hecho. Casualmente el restaurante estaba a escasos metros del hotel donde nos encontrabamos alojados, por lo que su visita parecía obligada.
El local es muy agradable en lo que a estética se refiere, merece la pena echar un vistazo a la galería de fotos de su página web para hacerse una idea. Parece de reciente, o cuidada reforma, conjugando la estructura antigua del edificio, boveda de ladrillo viejo, con materiales modernos como el azulejo. Nuesta mesa estaba ubicada en la planta baja del edificio a la que se accede bajando unas escaleras y dejando atrás un pequeño hall, donde los camareros tienen los útiles para atender las mesas del comedor interior. Dicho comedor parece una antigua bodega, se trata de un espacio no demasiado alto cuyo techo es una boveda de ladrillo antiguo, la original del local según nos comentaron. (Hay fotos muy explicitas en la web). Luz tenue, espacio amplio, lugar sin duda agradable para cenar. La mesa para seis, redonda y amplia, quizás un poco cercana de la vinoteca. Sillas, mantel y demás, correctos y cómodos.
El servicio es profesional, atienden muy correctamente, el que parece ser el dueño muy agradable y atento.
La comida es de calidad y tras comprobar el precio, se descubre una de las virtudes del local, comer bien a buen precio. Comimos anchoas del cantábrico, muy buenas; alcachofas con foie, muy logrado y eso que no son santo de mi devoción; tataki de atún rojo, genial; y unas migas con jamón ibérico y hongos, bien. Decir que previamente nos habian servido un caldo suave con tropezones de jamón, cortesía de la casa, que rico el jamón. En cuanto a segundos, risotto; el tartar de atún rojo, me gustó mucho; solomillo de buey, muy bien hecho aunque después de probar mi segundo la carne parecía poco sabrosa, no por si misma si no por la comparación. Tomé kobe, 300 gramos, que me supieron a gloria, nunca lo había probado y la verdad que me encantó, jugosa, grasa, en la comparación con la ternera normal me pareció como tomar jamón normal o jamón ibérico. Como postre bizcocho, torrija, todo muy bien.
El vino. Como la carta se puede ver en la página web que cada uno tome sus propias conclusiones. Me centro en el tinto. En mi opinión secunda una norma no se si escrita pero preponderante en Granada, salvo excepciones parece que solo existiera Rioja y Ribera, monopolizando incluso hasta el extremo y dejando un pequeño hueco a otras referencias, que suelen agruparse en una. Tomamos el vino del més, se supone que una marca que elije el local y por la que solo cobra descorche, en este caso Recoletas crianza 2004. Después como no me emocioné demasiado pedí el cuatro de Liberalia que andaba pendiente de probar, veinte y algo euros. El servicio, cuidado, vino presentado en una cesta pero... quizás por espacio, abierto y decantado (por iniciativa propia) en el hall contiguo, finalizado el servicio se volvían a llevar el decantador, aunque permanecian atentos ante la necesidad.
Conclusión. Local agradable con comida de calidad a buen precio, el servicio del vino, mejorable en referencias y en cuidado de detalles. En cualquier caso merece la pena la visita.
Reseñar que el dueño nos pidió disculpas por la tardanza en algunos platos fruto de un pico de afluencia al local, a pesar de mis reticencias insistió en invitarnos a dos Gin tonic que tomamos.
El local también puede ser visitado como bar de tapas en la planta calle.

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