Restaurante Horcher en Madrid

Restaurante Horcher

9
Datos de Horcher
Precio Medio:
121 €
Valoración Media:
6.7 10
Servicio del vino:
5.9 10
Comida:
7.2 10
Entorno:
7.3 10
Calidad-precio:
6.3 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Retiro
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 120,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Sábados a mediodía, domingos, Semana Santa y agosto.

Teléfono


9 Opiniones de Horcher

Fundado originalmente en 1904 en Berlín, Horcher se convirtió en el restaurante preferido de personalidades como el presidente alemán Hindenburg o posteriormente el sanguinario oficial nazi Hermann Goering. En 1943 y en el inicio de la caída del III Reich, Otto Horcher y su familia huyen del infierno berlinés y se instalan en Madrid, refundando el restaurante primigenio de su padre en su ubicación actual. Durante los años 40 ya se convirtió en una referencia gastronómica en el foro y desde entonces en sus salones se ha escrito parte de la historia moderna y contemporánea de la capital. Reyes, jefes de estado, actores, deportistas, músicos, muchas personalidades mundiales han visitado este restaurante que permanece inalterable en su filosofía a lo largo del tiempo y en manos de la misma familia.

Lo cierto es que hasta ahora nunca nos habíamos planteado la posibilidad de cenar en esta casa histórica, pero entre que nos hacemos mayores y se van viendo las cosas de otra forma, entre que teníamos la posibilidad de aprovechar un buen descuento por medio de un club gastronómico y celebrando una fecha de aniversario señalada, decidimos acercarnos a degustar algunos de sus clásicos intemporales. Nada más entrar ya nos damos cuenta de dónde estamos, luz tenue, ambiente selecto, silencioso, un ejército de camareros trabajando sin que apenas se perciba, algo especial. Nos sentamos en la mesa y al instante le ponen una almohada en los pies a mi mujer para que esté más cómoda, casi sin que se note. Manteles de hilo, vajilla y cristalería de época, cubertería de plata…una puesta en escena regia. Pedimos un par de copas de Manzanilla de Fernando de Castilla y comenzamos con unas “crudités” de varios tipos (zanahorias, rabanitos, mantequilla) que se encuentran sobre la mesa. Mientras miramos la carta nos traen igualmente una tapa del delicioso salmón marinado a la rusa que elaboran en la casa.

La cocina de Horcher permanece invariable a través de los tiempos y está basada en un recetario de inspiración alemana y centroeuropea, con tintes clásicos y algo barrocos pero igualmente adaptados a los tiempos actuales por el chef Miguel Hermann. Los guisos, la caza y la repostería son sus grandes especialidades, es quizá un restaurante más de invierno por tanto, pero que incluye platos de temporada y en verano se ofrecen algunas cremas frías, ensaladas y tartares. Pedimos dos primeros para compartir, servidos en doble media ración, dos segundos y un postre.

Terrina de foie de oca (39€): el foie micuit que elaboran en esta casa es extraordinario, en este caso de oca y generoso en trocitos de trufa, acompañado por dos gelatinas distintas y un excelente pan para untar. Un foie de la vieja escuela.

Tartar de atún rojo con patatas soufflé (35€): un plato de corte más actual y de temporada impecablemente ejecutado, excepcional producto y punto perfecto para nuestro gusto, mínimamente picante. De los mejores que hemos probado. Y ojo con esas patatas soufflé, un gran clásico de la casa, sencillamente adictivas, una delicia.

Ragout de Bogavante con Trufa negra (47€): otro de los clásicos del local, bogavante de primera calidad y punto de cocción formidable, fondo de salsa espectacular, pura esencia del crustáceo y acompañado con láminas de trufa negra de verano y una pasta alemana. Pla-ta-zo.

Lomo de Corzo asado al Natural (39€): la caza es la gran especialidad histórica de Horcher y en especial sus perdices y becadas a la prensa, a estas alturas de temporada tan solo encontramos el corzo y está soberbio en esta preparación, punto de la carne perfecto, sangrante pero bien hecho y acompañado por puré de manzana, lombarda, una pasta alemana parecida al espagueti y salsa de arándanos. Salsa de la carne con un fondo y un sabor bestiales. Un plato gulesco, quizá de otras épocas pero que nos encantó, puro producto, puro sabor, puro placer.

Crêpes Suzette (15€): al final estábamos un poco llenos y pedimos solo un postre, pero vaya postre amigos. Una crepe elaborada “comme il faut” por el camarero delante de nosotros, con naranja, mandarina y un limón y flambeada al Grand Marnier. Sencillamente perfecta. Vuelta a los 80’s. ¡Nos encanta!

No tomamos café pero nos pusieron al final una buena ración de Baumkuchen, el famoso pastel de árbol que llevan haciendo casi 100 años, un bizcocho lleno de sabor y peso, nada que ver con los anodinos bizcochos “light” que nos inundan por todas partes…pura mantequilla.

Pues qué quieren que les diga, puede que sea una cocina algo “demodé” y que fuera mucha caña para una cena de verano, pero que nos quiten lo bailado. Cenamos de maravilla, producto excelso, fondos de salsas trabajadísimos, platos terminados delante del cliente, alta restauración clásica de la que ya apenas nos quedan representantes. Fantástico.

La carta de vinos es igualmente clásica, bastante completa aunque tampoco sin pasarse, con etiquetas muy conocidas y de calidad contrastada, con poco riesgo bien es cierto. Salvo Champagne y algún Burdeos o Borgoña, poca presencia extranjera. Precios al nivel del local, bastante elevados pero tampoco de locura. Lo mejor sin duda un apartado de vinos clásicos de Rioja de añadas viejas que compraron hace ya muchos años y descansan en su bodega, a precios bastante ajustados teniendo en cuenta a cómo cotizan en la actualidad y el nivel del local.

Pedimos dos copas más de la Manzanilla Fernando de Castilla para el foie (5€) y después un Viña Real Reserva Especial 1952 (105€). No utilizaron sacacorchos de láminas para abrirlo (creo que un error por su parte) y el corcho se rompió y decidimos colar en el momento de servir. Botella perfecta, solo viendo el color lo intuíamos, fresco, profundo, de una complejidad que asusta, largo, excelente acidez, todavía tánico. Junto al 64 el mejor Viña Real que hemos probado, de locura. Copas de buen tamaño y finura, aunque con el escudo de la casa serigrafiado.

Capítulo aparte merece el servicio, camareros expertos y atentos sin caer en el servilismo, detalles continuos de gran casa, cambio de copas, servilletas, copas siempre llenas pero sin dar ninguna sensación de agobio, seriedad pero con una sonrisa, cercanía sin perder las distancias, siempre con un trato exquisito. Un servicio de otras épocas, de la vieja escuela. Con respecto al precio pues obviamente comer en Horcher no es barato porque no puede serlo, pero con el descuento aplicado al final comimos por 122 euros por persona, lo cual nos pareció muy adecuado para la experiencia vivida, otra cosa es sin el descuento con los precios habituales, pero bueno, tenemos que ceñirnos a lo pagado finalmente y desde luego que no se nos hizo nada caro. (Los precios que figuran en el comentario son los oficiales de la carta).

Al final nos fuimos con la sensación de haber cenado de maravilla en una casa histórica y sin duda repetiremos cuando volvamos a tener dicho descuento, ojala pudiéramos hacerlo más veces, desde luego. Horcher está en plena forma y lo demuestra que el comedor estaba lleno una noche de julio y no precisamente de gente muy mayor, solo salvo una mesa. Es cierto que la obligatoriedad de llevar chaqueta y corbata es un rollo, pero bueno, una vez dentro lo comprendes y además esa noche no fue muy calurosa por Madrid. Larga vida pues a Horcher, un restaurante sin el cual no se puede comprender la segunda mitad del Siglo XX en la capital. Más que un restaurante, es un pedacito de historia. Esperamos volver.

  • Viña Real Reserva Especial 1952

  • Baumkuchen

  • Crêpes Suzette

  • Lomo de Corzo asado al Natural

  • Ragout de Bogavante con Trufa negra

  • Tartar de atún rojo con patatas soufflé

Reservamos unos amigos una sala privada por lo que estuvimos bastante cómodos. La atención así como el ambiente es muy bueno, clásico y agradable. La comida excelente, aunque algunos platos me parecieron demasiado caros (un revuelto de boletus para cinco personas 91 €!!!). Los platos de caza, sobre todo los guisos exquisitos y los postres estuvieron a la altura.
La única pega fué el servicio del vino. El primer vino que pedimos, un AN 2004 muy bueno, pero luego pedimos uno de Arribes del Duero y estaba claramente malo, con algo de carbónico muy desagradable y que no correspondía a ese vino. Lo comentamos con el Maitre y me sorprendió que a ellos no les pareciese mal aunque dijeron que no tenían mucha idea de vino (¿?). Me parece increíble que en un restaurante de estas características no tengan un Sumiller como lo tiene Zalacaín por ejemplo que además te pueda ayudar al maridaje. Además pedimos un Casa de la Ermita y nos lo trajeron para los postres.... Vamos un desastre en lo que concierne a los vinos.
Si no fuese por eso lo pondría a la altura de Zalacaín, pero....

Tenía bastante curiosidad por conocer este restaurante y la verdad es que no decepcionó.
Lo primero que resaltaría es el servicio que desde el primer momento se mostró amable y atento.
La comida resultó muy buena. Tal vez no sea una comida demasiado creativa, pero su ejecución es perfecta. Las raciones (elemento que siempre valoro cuando voy a estos sitios por aquéllo de no te pongo comida porque todos somos muy finos) fueron razonables. Gran carta de postres.
Buena carta de vinos.
En relación al entorno, estuvimos cómodos, aunque me pareció ver que hay otras zonas del restaurante donde las mesas estaban más juntas y el ambiente más cargado.
Rcp no es óptima. Sabes a lo que vas, pero restaurantes como el zalacaín, que como mínimo son del mismo nivel son un pelín más baratos.

A Horcher no se va a comer, eso para empezar. A Horcher se va a ir a Horcher. A que te vean y a ver quien va. Ahí se justifica el sobreprecio injustificable por la materia prima, especialmente en los vinos. Todos sabemos lo que valen los vinos en tienda, en restaurante y en la cueva de Ali Baba. Pero Horcher no es la cueva, porque ya sabes a lo que vas. Para empezar, allí no te vas a encontrar con gente en vaqueros o camiseta. Atuendo cojonudo para ir a un chiringuito o a una terraza o incluso a un restaurante caro de mafiosos rusos; pero no para ir a Horcher. La comida, en general, es más que aceptable, y el postre típico, ese pastel de árbol, vale la pena, el servicio es razonablemente atento, pero todas esas son cosas que se presumen, como el valor en la mili, en un sitio de 100 euros por cubierto. Lo dicho, a Horcher no se va a comer, sino a ir a Horcher, y si quieres ir, tienes que pagar. ¿Vale la pena pagar por ir a Horcher? Bueno, eso ya es otra cuestión, unos dirán que sí, y otros que no; yo digo que depende. ¿Y de qué depende? Bueno, eso es materia para otro comentario que no viene aquí al caso.

En el último trimestre he estado tres veces en el restaurante y el resultado ha sido nuy dispar.
La primera estaba con un conocido cliente de la casa. Nos trataron de cine y comí muy bien. Como consecuencia decidí ir mas veces con mi familia una vez y con amigos no conocidos del restaurante otra.
Resultado: un desastre ( y no me gusta hacer afirmaciones radicales)
Nos dieron para seis una mesa que a duras penas podían comer cuatro. El restaurante estaba llenísimo y apretado. En consecuencia el servicio fue muy incómodo y malo porque tenían que hacerlo desde un extremo de la mesa.
Pedimos unos platos de trufa que no sabían a nada (debe ser la trufa china), un steak tartare que se había pedido suave, lo trajeron pasado de especies y en vez de cambiarlo por el error, intentaron suavizarlo añadiendo algo de carne. Quedó en el plato.
Yo pedí un pato asado, haciendo hincapié en que me gustaba rosado. Lo trajeron hecho un carton reseco. Quedó en el plato y nadie preguntó porque dejabamos los platos casi sin comer.
El servicio de vinos alocado. Pedimos una botella de champagne para seis en el aperitivo y "lograron" vaciarla en la primera ronda a base de llenar unas copazas hasta los bordes, al igual que hicieron despues con las botellas de vino.
Y todo por el "módico" precio de 1.000 € por seis personas
En resúmen una tomadura de pelo (salvo que vayas con gente conocida)

Aquí no se viene por creatividad en la cocina, ni por sus decorados "minimal" sino a disfrutar del impecable servicio, de la calidad de la materia prima, de la elaboración de los platos -especialmente los de caza-, y del ambiente y los detalles del comedor que impregna todo de un clasicismo auténtico en donde se notan los 50 años de lujo y de tradición.

De los platos que tomamos todos de gran calidad (Arenques a la crema, Ensalada de berros y cangrejos, lomos de venado y perdiz a la prensa) sobresalio claramemente la perdiz, extraordinaria, finalizada en la mesa utilizando para elaborar el jugo la antigua prensa alemana de alpaca que es en sí misma una pieza de colección. De postre el famoso, "baumkuchen" con helado y chocolate caliente me decepcionó.

Clásica carta de vinos con especial hincapié en Riojas, muy bien seleccionados.

Nos atendio espléndidamente el primer Maitre Antonio García Prieto, (Premio Nacional de Gastronomía al mejor Jefe de Sala 2002) gran conocedor del mundo del vino. Tomamos un fenomenal Fagus Coto de Hayas 2002.

Precios en consonancia, (120 € por persona, 4 platos, 1 postre, cafés, el vino y dos copas) Hay que conocer

He de reconocer que el recuerdo que tenia de mi juventud de horcher no ha cambiado,pero logicamente ahora las cosas con el tiempo se miran de otra manera.Para empezar y por muy clasico que este decorado no deja de ser un sitio enano e incomodo,las separaciones entre mesas es ridicula,la comida ha estado bien pero tampoco nada que no comamos en otros restaurantes de Madrid por la mitad de precio,y en cuanto al tema de los vinos ,alguien ha puesto que estaban cargados de precio,yo añadiria que se ha quedado corto.
Desde luego creo que con el paso del tiempo ha perdido ,su clientela no tiene nada que ver con otros restaurantes como Zalacain o Sant-celoni,ya esta rozando el mas puro estilo de Lucio.
Un saludo a todos.

Toda una experiencia, no sólo gastronómica, sino también social, por el tipo de clientela que lo frecuenta. Yo personalmente quedé encantado de ir, al menos una vez. El servicio es impecable, todo un espectáculo por sí mismo, sobre todo los jefes de sala. La preparación de los platos "a pie de mesa", sobre todo de las aves, es impresionante. Describir la decoración, vajillas, cuebertería,etc...es imposible, hay que verlo. No obstante también hay lugar para la crítica: el comedor es pequeño y el nivel de ruido excesivo, sobre todo si está lleno como fue el día que estuve. En ese sentido posee dos reservados en los que debe ser una gozada comer, pues dan más intimidad. El precio de la comida está en consonancia con la calidad de las materias primas, el servicio y la elaboración de los platos, pero el precio del vino escapa a todo lo razonable, un verdadero abuso, con un margen aproximado de un 300% por botella. No puedo entender esa política de precios. Me dio la impresión de q

Elegante restaurante situado cerca del retiro con una decoración clásica pero agradable. Servicio con mucho detalle y profesionalidad. Comida moderna pero sin estridencias con muy buena materia prima. Carta de vinos con muchas referencias tanto macionales como extranjeras. Cristalería correcta. Lástima que los vinos estuvieran tan cargados. Precio medio por persona sin vino 50 euros.

Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.
Cerrar