Restaurante La Càbila en Valencia

Restaurante La Càbila

Datos de La Càbila
Precio Medio:
45 €
Valoración Media:
8.5 10
SERVICIO DEL VINO:
8.5 10
COMIDA:
8.5 10
ENTORNO:
8.5 10
Calidad-precio:
8.5 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Valencia
Localidad: Valencia
Dirección: Plaça del Forn de Sant Nicolau, 8, bajo
Código postal: 46001
Tipo de cocina: Mediterránea
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 45,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


Opiniones de La Càbila
OPINIONES
2

Para tomar la iniciativa de abrir un nuevo restaurante en tiempos de coronavirus hace falta mucho coraje, pero también confianza, ilusión y saber hacer. Siguiendo las siempre acertadas valoraciones de abreunvinito decidimos acercarnos a conocer el nuevo San Nicolás, ahora rebautizado como La Cábila. Y tanto nos gustó que repetimos a los diez días. Entre ambas visitas, probamos el menú Mercat (para cenar) y el menú Cuchara (para comer), ambos descritos en el comentario de abreunvinito. No voy a describir todos los platos que pudimos degustar, pero sí daré unas pinceladas de los que recuerdo y más me impresionaron:

  • "coca de dacsa" con bonito (perfecta la coca y las verduras que la acompañan, rematada con unos trozos de bonito)
  • "esclatasangs amb lleteroles" y sobrasada (acabando la temporada de níscalos, muy buena combinación de sabores y texturas)
  • alcachofa a la brasa (probamos dos, una sobre un velouté hecho con las cabezas de los carabineros y otra sobre un fondo picante, ambas espectaculares)
  • ensaladilla con mostaza verde y tartar de atún (sabrosa, con un punto de frescor que le da la mostaza)
  • cogollo a la brasa con perdiz en escabeche (parece que se han puesto de moda los cogollos a la brasa)
  • sepietas sucias sobre puré de coliflor (el que menos me gustó, quizá porque la sepia estaba demasiado "sucia")
  • morro de mar (interesante tratamiento de la morena, perfectamente desespinada, y que recuerda en aspecto y textura al tradicional morro de cerdo)
  • pescado del día, que no recuerdo, sabrosísimo sobre una cama de puré de coliflor
  • arroz de fesols i naps, un clásico, presentado en puchero, llegó al final del festín y no pudimos acabar con él
  • y de postres tomamos un día un chocolate blanco con helado de aceite de oliva y el otro una mezcla de caqui, granada, helado de chocolate, y más

De vino tomamos un Exuperio de Noemi Wines de Fuenterrobles, un bobal 100%, equilibrado y de intenso aroma, y un Bobal Negro de Gandía, otro interesante bobal 100%.

El chef Fernando Ferrero salió varias veces a sala, primero para asegurarse que no preparaba nada a lo que fuéramos alérgicos o aversos, y después para comprobar cómo iba desarrollándose el servicio. Siempre atento con una amplia sonrisa que se adivinaba bajo la preceptiva mascarilla.

Largas sobremesas en un ambiente muy agradable. Aunque la de la cena hubo que interrumpirla al acercarse la hora del toque de queda

Volveremos.

Después de amplia experiencia dentro y fuera de la ciudad y del país, el chef Fernando Ferrero deja la dirección la Marítima de Veles y Vents y se sube al tsunami de la crisis para surfear en solitario. Tiempo de crisis es  también momento de oportunidades y en el cerrado local de San Nicolás, con una bonita decoración y mucho saber e ilusión, abre sus puertas una opción de cocina mediterránea en equilibrio entre parte creativa presente en los entrantes y en los postres dejando los principales a las fluctuaciones del mercado de temporada y a una elaboración más en la tradición, consiguiendo ese equilibrio alejado de extremismos.

El local es más bien pequeño y con buena separación de unas amplias mesas, sillas cómodas, mantel de tela (¡cuanto daño ha hecho el Noma!), buenas copas cubiertos, vasos y vajilla. Todo ello crea un ambiente cercano sin perder elegancia y alejado de estiramientos innecesarios. Servicio en sala que necesita estar más informado de lo que se cuece y de lo que se bebe, pero que cumple en lo laboral y en la actitud. Perfecta la actitud del chef en las recomendaciones, comentarios e interés por el desarrollo del ágape. Buen ritmo de salida de platos desde cocina sin prisas y sin pausas.

Sobre la mesa una tarjeta de visita con código QR te permite acceder a toda la información de carta de comidas, menús, vinos, licores y hasta reservas y promociones. En los vinos destacada presencia de vinos locales (como debe ser) tanto en blancos como tintos más algo más testimonial en cavas y champagnes y aún más en rosados; inusual y de agradecer (aunque cara) la opción de generosos y dulces por copas. En general hay más vinos novedosos que clásicos. Arrancamos en la espera con unas cervezas acompañados de unos chips variados y unas aceitunas mientras conseguían aparcar (centro histórico de la ciudad) el resto de los comensales. Para la comida optamos por blancos y aceptamos una recomendación de la casa: Blanc de Clotas, un artesano de Castellón que estuvo bien y para el principal algo de más carácter y evolución que aseguramos con un Cimera 2018 de Clos Cor Vi, un coupage de Riesling y Viognier con buenos premios recientes. El servicio de vino bien presentado, dado a catar y muy bien llevado de forma continuada durante toda la comida, sin excesos de llenados y manteniendo temperatura.

Viendo la carta de comidas destaca el planteamiento de menús de diferente recorrido: "Menú cuchara" (25€) con aperitivo, entrante, plato de cuchara (o arroz) y postre. El "Menú Mercat" (35€) con 2 aperitivos y 2 entrantes, pescado del día y postre. El que podría ser menú de degustación llamado "Menú Caid" (55€) con aperitivo, 2 entrantes, plato de cuchara o arroz, pescado, carne, prepostre y postre. La carta del chef incluye 9 entrantes fijos, entre 8-18€, con ampliación de otros según mercado; 6 platos de cuchara (necesario mínimo 2 personas) entre los que están 4 variedades de arroces, sobre 16-18€; 2 opciones de preparar el pescado, una de ellas la especialidad del papillote, sobre 20€; 2 carnes (tournedó rossini y lomo de cierva) sobre 28€ y el postre que varía cada día. Los seis éramos debutantes así que optamos porque el chef nos llevara de la mano a su aire y así lo hizo, aunque el arroz final sobrepasó un poco nuestra mermada capacidad por el confinamiento que nos ha dejado algo desentrenados.

Lo que comimos y disfrutamos y todo a criterio del chef, fue:

. en el inicio un excelente aceite virgen extra Lágrima con un buen pan. Se repitió degustación. Este pase no está incluido en los menús.

. aperitivo: nuvolet de cazalla y limón con salazones: en un vasito una espuma de esa mezcla de cazalla (anís seco y agua) y limón encontrando la acidez cítrica y el agrio del vinagre y la sal en diminutos tropezones de salazones. Curiosa e intensa presentación de intenciones con producto muy de la zona y un planteamiento revolucionario.

. tortita de bacalao: excelente presentación de una variante de la tortilla de camarones en el que cambió el producto principal por bacalao incluso en la base crujiente con algunos toque de alioli sobre la tortita. Genial y sabrosón.

. tomate de verano y bonito curado: todo troceado; un tomate sabroso bien de maduro y poco intenso de sabor el bonito. Aun así cumple bien, sin enamorar.

. pulpo con crema de coliflor: muy elegante la crema y el pulpo con buena textura aunque su sabor queda relegado a segundo plano; para mi gusto (cada uno tiene el suyo) unas escamas de sal encima hubieran potenciado al conjunto y sobre todo al pulpo.

. cigalas plancha: una buena pieza por persona, abiertas al centro y a la plancha con perfecto punto de fuego. Muy bien de sabor y de calidad.

. papillote de rey: una buena pieza de pescado rey (palometa roja) con los lomos en papillote y el resto de pescado, incluidas cabeza, cola y espinas, rebozados y muy crujientes. Muy sabroso, bien presentado. Muy recomendable.

. arroz con costra: especialidad de la casa, muy bien presentado, posiblemente el mejor que he tomado nunca: perfecto punto de cocción del arroz, suelto, sabroso, abundante capa de huevo bien horneado sin exceso de secado. Lástima que nos pilló algo cortos de fondo de comensales, aunque hubo quien aprovechó el viaje y se llevó 2 raciones de las 3 sobrantes. Muy recomendable.

. torta cegí con helado: torta de la zona de Alicante, hecha con manteca de cerdo y espuma cítrica; lo mejor el aporte cítrico que permite pasar fácil. No repetiría.

. higos y helado: higos laminados (necesariamente la maduración del higo es corta para que quede bien al laminar), con un helado, creo de café, y me parece recordar con una base similar a una torrija. Mejor.

Los postres fueron uno de cada para probarlos. Finalizaron con unos cafés a los que no pude quedarme por cuestiones familiares.

Una buena experiencia de un nuevo local interesante que ya estaba lleno a medio día y entre semana a pesar de estar arrancando. Sitio para recordar.

  • cigalas

    cigalas

  • pulpo y coliflor

    pulpo y coliflor

  • tomate y bonito

    tomate y bonito

  • detalle tortita

    detalle tortita

  • tortita de bacalao

    tortita de bacalao

  • nuvolet de cazalla

    nuvolet de cazalla

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