Restaurante Arrels racó Gastronómic en Gata de Gorgos
  

Restaurante Arrels racó Gastronómic

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Datos de Arrels racó Gastronómic
Precio Medio:
23 €
Valoración Media:
6.8 10
Servicio del vino:
5.0 10
Comida:
7.8 10
Entorno:
6.0 10
Calidad-precio:
7.8 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas:
Precio desde 23,50 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Miércoles

Teléfono


2 Opiniones de Arrels racó Gastronómic

Parece que en estas Navidades, sin haber hecho ningún propósito previo, me he dedicado a volver a varios restaurantes que, pese a haber causado en mí una muy buena impresión en las primeras visitas, no había encontrado la ocasión propicia para volver. Es el caso de Arrels, en la vecina localidad de Gata de Gorgos. Comida a medio día para tres comensales y, al llegar, encontramos el local bastante animado y con más de medía ocupación, a pesar de ser un día laboral de entre semana.

Local descrito en mi anterior comentario de hace más de dos años que no ha sufrido reformas significativas. Tampoco así la carta que recoge muchos de los platos que ya estaban en mi anterior visita. La carta de mediodía, además, ofrece la posibilidad de escoger un menú de primero, principal y postre, cuyo precio varía según sea el segundo que se elige. Tomamos platos de la carta convencional a compartir:

- Aperitivo de cortesía: una especie de rollito vietnamita o pequeño rollo de primavera con relleno de verduritas y envoltorio de wonton frito o similar. Se sirve con la típica salsa agridulce.

- Croquetas de rabo de toro: Tres unidades a precio de 1,00 € cada una. De pequeño tamaños, tipo albondiguilla, pero perfectas en cuanto a ejecución y sabor. Para la próxima visita probaremos las de boletus y las de arroz negro.

- Suquet de carabineros: En un plato hondo se sirve una sopa bastante líquida, pero de concentración sápida considerable y de un curioso color amarillo poco habitual en los concentrados de marisco. Sin embargo, es precisamente ese color el que da gran vistosidad al conjunto en claro contraste con el rojo intenso del carabinero a la plancha que cruza el plato de extremo a extremo. Muy rico.

- Vieiras a la plancha: Correctas. Se combinan con unos encurtidos, unos germinados de alfalfa y un picadillo que nos recuerda al tomate seco o a la ñora deshidratada.

- Tallarines de sepia con carpacho de champiñones: Tal como reseñé en mi anterior valoración, un plato muy rico y de imprescindible presencia en la carta.

- Revuelto de frutos del mar: Se sirve sobre un rico pan de focaccia y combina huevo, mejillones y gambas. Se corona con katsuobushi, esas finas láminas de pescado seco que, al haber pasado por el horno, empiezan a plegarse y contorsionarse simulando tener vida propia en un curioso efecto visual.

- Mini hamburguesas de wagyu: Muy ricas, quizás cocinadas un pelín en exceso. Interesante el contraste con el pan ligeramente dulzón y teñido de un vistoso color rosado.

- Hojaldre con manzana caramelizada y helado de vainilla: Poco hay que decir. Sólo indicar que se cocina al instante y que estaba realmente rico, especialmente esa base de hojaldre recién horneado.

Tomamos unas cañas al llegar, agua y una botella de Sierra Cantabria. La carta de vinos y el servicio de éste siguen en los parámetros que relaté en mi anterior valoración. Cabría dar un poquitín de impulso en este campo. Servicio atento y eficaz capitaneado por Ferrán, cocinero y máximo responsable de esta casa.

En mi familia y entre mis amistades se me han adjudicado irremediablemente múltiples “san benitos” relacionados con la gastronomía y la restauración: que si gourmet, que si asesor gastronómico, que si gastro-pijo… Se aceptan de buena gana (mejor esos que otros de otra índole). Pero, en mi defensa, alegaré que aquí “hasta el más tonto, hace relojes”. Mi hermano, por ejemplo, se permite también más de una salida gastronómica y hasta osa aconsejarme lugares que yo todavía no he visitado. Esas recomendaciones, todo sea dicho, casi siempre resultan afortunadas o sea que no sé yo quien gana a quien en el campo de la gastronomía.

Fue él quien me habló hace unas semanas de esta pizzería situada en la vecina localidad de Gata de Gorgos que, además de su oferta de cocina típicamente italiana, se ha permitido complementarla con una carta de tapas “poco convencionales” a nivel de comarcal (aquí se usa sobretodo la plancha) y que empieza a hacerse notar en la amplísima oferta gastronómica de la Marina Alta.

El local está compuesto por una primera estancia en la que conviven la barra y unas cuantas mesas y a la cual se le ha dado cierto aire intimista y acogedor gracias principalmente a la iluminación utilizada que va en esa línea. Más adentro hay un patio cubierto que se ha acondicionado como salón, mucho menos cuidado en su decoración que este primero y con un aire mucho más informal.

Tres comensales en la mesa y nos centramos directamente en esa oferta de tapitas que se anuncian a precios realmente sorprendentes. Nuestra comanda (en dos tandas) quedó así:

- Caramelitos de butifarra, piñones y miel: un pequeño bocado para entrar en materia. Crujiente por fuera y con el relleno de esa combinación siempre triunfadora: embutido y miel.

- Tartar de atún rojo: Aliño más bien clásico, sin las innovaciones y excentricidades que he podido degustar en otros lugares (frutas, tomate…). Me gustó.

- Figatells de salmón con nueces y pan de especies: Se sirven tal como se hace en las últimamente tan recurridas miniburguers, cada uno con su panecillo redondo y con la peculiaridad de que aquí se consiguen panes de distintas tonalidades: negro, anaranjado, verde pistacho… Gran presencia del sabor tan característico del salmón, sin intención de “domesticarlo” mi enmascararlo. Resultón.

- Minihamburguesa de angus con cheddar y pan de especies: Mismo “envoltorio” que la tapa que le antecede. Carne de calidad para un bocado que siempre agrada.

- Tallarines de sepia con carpaccio de champiñones: Para mí, el mejor plato de la noche. Finísimos pero sabrosos esos tallarines con un fondo de gran densidad y toques agridulces (¿Algún vino generoso? ¿PX?) y el contrapunto acertado en textura y temperatura que suponen esos champiñones laminados.

- Gambón enrollado: Tapa sencilla. Se agradece que no se juegue al engaño como en tantos otros sitios donde la carta reza “gamba…” cuando en realidad se trata de estos langostinos. Prescindible.

- Samosas de pollo: Ricas empanadillas fritas elaboradas con la pasta filo y un relleno con gran presencia del curri. No nos resultan para nada aceitosas.

- Mansas japo: Berenjena cortada a tacos con una tempura crujiente y salsa teriyaki. Ración abundante de esta tapa divertida que, en cierto modo y salvando las distancias, me recordó la tempura melosa del Canalla Bistro de Ricard Camarena. Por lo adictiva que resulta, supongo.

No tomamos postres. De beber empezamos con unas cañas y refrescos, seguimos con una botella de Príncipe de Viana Edición limitada y acabamos unos cafés. La carta de vinos ofrece unas veinte referencias que intentan desmarcarse un puntito de las típicas marcas de rotación que ofrece la mayoría de los bares/restaurantes de la comarca. El vino, eso sí, salió a una temperatura demasiado elevada, deficiencia rápidamente solucionada por el equipo colocando una “camisa” para enfriarlo sin necesidad de que la pidiésemos, y fue servido en unas copas poco apropiadas. Aspecto a mejorar.

El servicio estuvo siempre atento y simpático, tanto el personal que sirve las mesas como el propio cocinero que se acercó a la nuestra para captar nuestras impresiones e interesarse por el detonante de nuestra visita. Se agradece el hecho que se transmita preocupación por la satisfacción del cliente y ganas de agradar.

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