Restaurante Pairal

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Datos de Pairal
Precio Medio:
30 €
Valoración Media:
7.4 10
Servicio del vino:
8.0 10
Comida:
7.5 10
Entorno:
6.3 10
Calidad-precio:
7.0 10
Fotos:
0
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

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3 Opiniones de Pairal

En un pequeño y apartado comedor al fondo del local, en el que no hay cambios apreciables, una genial amplia mesa redonda nos ponemos los siete comensales. Muy pocas mesas ocupadas permiten casi un servicio en exclusiva en uno de los restaurantes emblemáticos desde siempre de la capital de La Plana.

En el apartado de vinos comenzamos con Príncipe Viana 2017 garnacha blanca de color subido muy fácil; en tinto Finca Besaya 2017 un Rioja de contentar a todos y al que siguió una pequeña joya por su calidad y escasa producción (menos de 1000 botellas), un Valdeorras  de uva brancellao y tutelado por Raúl Pérez, ¡como no! que responde al nombre de A Costiña 2015, que hay que conocer sí o sí por aquellos amantes de las uvas autóctonas en monovarietales. El servicio de vino a buena temperatura y con relleno constante y atento en todo momento.

Para cenar con un buen pan gallego más un complemento de foccacia con cebolla, como acompañante de:

. crema de calabaza con patata: como aperitivo de la casa, para calentar el motor gástrico. Buena textura y sabor con un toque de jamón.

. anchoas en modo lasaña marinadas con berenjena: con una presentación que simula un barco de vela por una teja que corona al pesacdo, sin carga de vinagre y autoenrolladas sobre la base de berenjena. Bien.

. croquetas: abundante ración, correctas de textura y deseando más potencia de sabor

. mejillones al vapor: de pequeño tamano pero todos iguales, muy limpios y carnosos, con una presentación en plato a modo de fondo marino (como plantados en la roca); bien de sabor y de ración.

. rape: buena calidad, en compañía de patatas panaderas con algunas pocas verduras siendo el pesacdo prresentado en dos cortes de diferentes zonas, afeando el amplatado.

. espuma de pera, albahaca y helado de mantecado con chicharrones: espectacular en sabores y texturas, muy refrescante. De lo mejor.

. tejas de almendra a modo de petits fours para cafés e infusiones finales.

Una cocina clásica basada en productos con algo de actualización en cocinado y presentación proporcionando una cena muy disfrutada por el entorno, la compañía y bien complementada en especial por la grata sorpresa del brancellao, un vino para recordar que se convirtió en el protagonista principal del evento dando un plus al ágape.

 

Un restaurante que antaño se caracterizaba por tener buen producto y hacer arroces (sobre todo caldosos y melosos), en la actualidad ofrece una cocina de buen producto clásico pero con una elaboración y emplatado actualizado, llegando a un equilibrio muy deseable.

El local mantine sus pros y contras con decoración de salón marinero clásico, con mucha madera, sensación de elegancia demodé pero agradable a la vista. Buenas mesas y buena separación con un comedor reservado amplio al fondo, buenas copas, cubiertos, cambio de platos. Servicio de muy buen nivel atento, profesional y con iniciativa.

Cena de grupo con cervezas previas, agua Benasal y un irresistible y excelente pan de cebolla. En vino tiene una buena carta, amplia y variada con precios al uso; entramos con un blanco de uva Meseguera para los llegados de fuera: Finca Calvestra 2015 que sorprendió; seguimos con un cambio radical para apreciar diferencias: Lapola 2014 más evolucionado para aguantar platos principales.

Para cenar, de forma pactada y servido de forma individual (salvo el micuit) con un cuidado emplatado sobre una vajilla moderna y adecuada:

. aperitivo de la casa: una crema de calabaza, patata y jamón

. micuit de elaboración propia: muy recomendable. Bien presentado y muy sabroso, sin pecar de grasoso.

. espuma de espárrago, almendra cruda, salmón y cremoso de coco: complicado y arriesgado plato al quer salvan las diferentes texturas y contrapunto de sabores

. parpatana de atún rojo asada al aroma de olivo, con berenjena en escalibada, salsa tártara muy suave: buena materia prima y con apariencia de solomillo destaca por su perfecto punto de plancha y ligereza de la salsa. Muy bien presentado.

. curry rojo de mejillones con verduras fileteadas: bien de picante para término medio. Muy refrescante.

. viera a la plancha con esferificaciones de calabaza, noodles de setas y rematada con teja de parmesano servida sobre un plato negro, siempre difícil de llevar. Un emblema de la casa.

. lubina asada con cremita de ajo, puerro y guindilla con tallarines de calamar: mantiene la calidad del pescado, propia del local, buena ración y presentación; la salsa acompaña bien sin apoderarse.

. torrija de fartón con helado de horchata, natilla y mermelada de fresa: un postre que rezuma esencias valencianas sin empalagar.

Como petit fours unas buenas tejas de almendra para los cafés y estar sin prisas. Un lujo.

Comida en el restaurante PAIRAL, en Castellón capital, siguiendo el consejo de la recientemente publicada Guía de restaurantes en la Comunidad Valenciana. Restaurante situado cerca del centro pero en una calle poco transitada de una zona nada turística, el clásico sitio al que nunca irías si no te lo recomiendan. El local, en dos alturas es acogedor, bien puesto y decorado tipo asador marinero, mucha madera, mesas amplias, con buena separación entre una y otra, y aforo completo. De aperitivo de la casa unos chips de verduras y una rica crema de calabaza. 3 personas, pedimos unos buñuelos de bacalao con toque de escalibada, pequeños, sabrosos y ligeros. Mejillones de roca al vapor, pequeñitos y tiernos, para comerte varias fuentes. Como principal paella valenciana, verduras tiernas y buenas carnes (pollo, conejo y costillitas). El arroz con buen sabor, pero lo encontré demasiado seco para mi gusto, y la paella llegó un poco fría a la mesa, señal de que se habían pasado un poco con el tiempo de reposo (disculpable porque estaban a tope). De postre un crepe de crema de turrón con chocolate líquido para compartir que cumplió con creces como broche final del ágape. Para beber un verdejo Palacio de Bornos, bien de temperatura, servido en su cubitera y con copas adecuadas. Buena vajilla y mantelería de hilo. Servicio muy atento, de camareros de toda la vida. 84,04 euros todo. Todo muy correcto. Dejamos para otra ocasión probar el steak tartar, muy popular por lo que vimos en otras mesas y los arroces caldosos, que me da la sensación que superan a los arroces secos en esta casa.

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