Restaurante L'Ó en Sant Fruitós de Bages
  

Restaurante L'Ó

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Datos de L'Ó
Precio Medio:
114 €
Valoración Media:
5.8 10
Servicio del vino:
5.0 10
Comida:
7.0 10
Entorno:
7.8 10
Calidad-precio:
4.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 100,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)



2 Opiniones de L'Ó

Comida, que ha sido el broche de oro de una preciosa visita cultural del recinto modernista y privado del genial pintor catalan Ramon Casas, en el antiguo monasterio benedictino del siglo XI, Mont San Benet, ubicado en Sant Fruitòs de Bages (Barcelona).
Teníamos especial interes en conocer la cocina de uno de sus restaurantes, el L'O con estrella Michelin, (hay otros dos de cocina tradicional catalana) por sugerencias de familia con buen criterio (D.U.Nutricionista), y ha sido genial!!.
Los 12 platos ( varios entrantes , uno con arroz, con pescado, con carne, y dos postres, más petits fours con carta de diferentes cafés), llenos conocimiento gastronomico, calidad de ingredientes, imaginación y creatividad!!. Siempre que vamos a estos sitios, combinamos estos espectaculos gastro, con el maridaje de vinos que nos proponen, pues , a pesar de que conocemos y nos gusta el vino, en estas circunstancias creemos que nos sería difícil escoger un sólo vino para acompañar esta creatividad...Otra vez acertamos! ya que hemos podido probar vinos de DO Bages que no conociamos.
En fin, ha sido un menú gastronomico muy estructurado. Empezamos con un Blody Mary divertido y rico-rico! 😜😜donde el vodka era espuma deliciosa y abundante...jeje. Los siguientes platos, en esta dinamica gastronómica adecuada a una estrella M... 👍👍 , que nos han encantado!
Por otro lado, hemos estado en el comedor acompañados por un servicio joven y profesional de escuela, que con cariño y eficiencia, nos ha atendido muy bien. Hemos ido pronto a comer, y han estado a nuestra disposición. Otro punto que ahora valoramos mucho... jeje, pues el ruido, parloteo con o sin niños, nos desencanta y agobia.
Un detalle que personalmente valoro, es haber podido escoger en la carta de cafés. Yo tomé un express etíope que recordaré.
Así pues, un lugar y comida MUY RECOMENDABLE, para aquellos que nos gusta, de vez en cuando, disfrutar de un espectáculo gastronómico, cuya experiencia te acompañará siempre en el dia a dia rutinario, para darte esa satisfaccion e ilusión tan importante para seguir... je je😉😉

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  • Vista desde el comedor

  • Menú gastronómico

  • Vista desde el comedor

Varias cosas me han llamado la atención en reciente visita al L’Ó. La primera de ellas, el empleo de efectismos gratuitos que no aportan nada al sabor de los platos: esferificaciones de aceite, huevos a baja a temperatura, infusiones gasificadas… Pero lo sorprendente es que de la decena de platos del menú degustación, al menos en la mitad predominaba el dulce. En el lado positivo de la balanza, merecen especial mención la ostra y la merluza, cuyo sabor y autenticidad quedan como excepciones dentro de un menú poco integrado con claras reminiscencias de un doctorado en masterchef fallido. Evidentemente, hubo destellos aislados de alta cocina pero el remate final con una albóndiga abutifarrada a las dos cocciones y empalagada con un sabor dulzón imposible, motivó que la mitad de los comensales obviaran su consumo.
Tampoco ayudó mucho la falta de ritmo, con pausas de un cuarto de hora entre plato y plato. En total, la comida de prolongó casi cuatro horas desde el primer aperitivo hasta el último postre. Cierto es que tenían la excusa de que éramos un grupo numeroso, pero más notorio es el hecho de que medio restaurante estaba vacío y de que un menú encargado de antemano no debería suponer una dilación tan exagerada. Como detalle ilustrativo, uno de nosotros pidió sustituir la caza por otra cosa y el chef decidió suprimirla en todos los demás comensales. Por otro lado, la segunda botella de vino, una garnacha blanca de la Terra Alta, se sirvió directamente sin ofrecer la posibilidad de comprobarlo, algo inaudito en un restaurante con estrella. Quizá algún detalle como una simple invitación a una copa de cava o permitir que los niños se bañaran en la piscina hubiera mermado la sensación agridulce que quedó de nuestra visita al l’Ó, pero la falta de reacción del staff ante las disfunciones evidenciadas, me hace augurar una caída en barrena hasta el fondo del abismo.

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