Los tintos y punto final
Ver mensaje de Juan SuchInteresantísima estuvo la tanda de los dos Clos Mogador. Entre todos llegamos a determinar a ciegas que estabamos ante un mismo Priorat y de dos añadas muy distantes. Y era Mogador. Bueno, el del año 90 podía haber sido Martinet o Alvaro Palacios porque en aquel año aún hacían todos el mismo vino. El 90 ya había entrado en fase otoñal, estaba más evolucionado que el Martinet 90 que tomamos en la vertical de Reus, indicio de un almacenamiento algo más caluroso. Algo de verdor pero sabroso, muy terreo.
El 2000 era más fácil identificarlo como Priorat. Pura corpulencia, tremendo, algo rusticón pero con enormes músculos y carácter. En nariz aparecían en mi copa algunas notas licorosas y algo de alcohol, señal de que se subía muy rápido de temperatura. Había que haberlo dejado oxigenar muchas horas más y tomarlo unos meses más tarde.
La siguiente tanda se nos dijo que había un español, un francés y un italiano. El Valbuena 1998 fue, quizás, una de las revelaciones de la noche, a pesar de necesitar aún mucha botella. Balsámico, muy sabroso, serio, persistente. Muy bien.
El Gaja Sperss 1994 tenía una nariz elegante y en boca esa sabrosura y acidez marcada que hacen tan dificil de entender estos Barolos. Un vino para iniciados.
Finalmente, el Lafleur-Petrus 1998 aparecía muy petreo y potente. Necesita un montón de años más.
A continuación tomamos el A.N. Vinya Son Negre 1999 (el de la buscadísima etiqueta del murcielago de Barceló). Un vino con mucha personalidad y potencia, sabroso, pero que no acaba de encajar en mi estilo de vinos placenteros. Un vino más para tomar por copas y mirar la etiqueta.
El Korem 1998 lo encontré más equilibrado que el AN, con una nariz muy expresiva y acompañando mejor el plato que nos sirvieron en ese momento.
Y luego apareció el Maduresa 2001 que acusaba algo su recién embotellado. Estaba más expresivo cuando probamos unas muestras de barrica hacía unas semanas. Ahora, démosle unos meses más de botella y vereis cómo empieza a ";cantar"; ese Maduresa. Estaba mejor para acompañar la comida el ya más hecho Tenuta Oliveto 1998, un Brunello di Montalcino elaborado por Roberto Cipresso, con un aroma muy expresivo y complejo. Finalmente el E. Mendoza Shyraz 2001 me pareció muy fino. Me parece que Pepe Mendoza ha entrado en una línea excelente. Buena fruta y gran equilibrio elegancia/potencia. Qué le vamos a hacer uno se está haciendo de la escuela ";finesse"; a marchas forzadas... :-)
Y para rematar, el icewine de Ontario. Ese Jackson-Triggs Vidal Reserve 2001 tenía una impresionante nariz, densa y concentrada, al igual que su paso de boca. Quizás se echaba a faltar algo más de acidez para digerir tanta densidad. Pero estaba rico, muy rico. Me recordaba la densidad de un Tokay 93 seis puttonyos (lo cual habla mucho de la larga vida que tienen los Tokay).
Mención aparte merece el largo y creativo menú degustación que nos ofreció Felip. Cocina arriesgada, con platos mejor resueltos que otros pero con muchas ganas de ir a más. En conjunto, muy buen recuerdo.
En fin, una noche memorable.