Vinos de un setenta cumpleaños
El pasado martes 24 de septiembre celebramos el 70 cumpleaños de mi padre. Para tan especial ocasión fui el encargado de seleccionar los vinos que acompañarían una cena a base de platos fríos fundamentalmente. La selección final fue ésta:
Empezamos con un Champagne Billecart-Salmon Brut Rosé (50% Chardonnay, 40% Pinot Noir, 10% Pinot Meunier), una recomendación personal de Juancho Asenjo. Se trata de uno de los champán rosados más expresivos y elegantes, que resulta ideal para acompañar unos aperitivos y poner en marcha los jugos gástricos (y las neuronas). El sonido del descorche de la botella fue una sorpresa, diferente al habitual del cava, un sonido seco y fuerte, pero sin que saliera ni una gota de espuma. Luego me fijé que en la base del corcho llevaba adherida una especie de ventosa de plástico trasparente que no había visto nunca antes. ¿Alguien sabe para qué sirve? El champán era de gran elegancia, muy sutil y se bebía fácil. Para los no iniciados en champán quizás resulta demasiado matizado y no les encaja la relación calidad-precio. A mí me pareció que tenía una nariz (muchas frutas rojas) y postgusto muy elegantes. Es un vino para disfrutar en pareja, con mucha tranquilidad.
Seguimos con un blanco Alsaciano, un Schoffit Riesling Gran Cru Rangen de Thann 2000, uno de los mejores Rieslings de la zona, con menos de 2 gramos de azúcar por litro. Este vino era lo opuesto del anterior, mucha fuerza en nariz (hidrocarburos) y gran estructura en boca. Pura potencia aún por domar con más tiempo en botella. Pero, sin duda, un gran riesling, con una impresionante “columna vertebral”.
Para la carne con salsa de setas aposté sobre seguro. Mi padre ama los Riojas clásicos y mi elección final fue un Prado Enea Gran Reserva 1991 (Bodegas Muga). Al Tempranillo le añaden un 20% de Garnacha, Mazuelo y Graciano. Toda la fermentación la hacen en depósitos de roble de 10.000 Kg. de capacidad sin control de temperatura ni adición de levaduras. Luego una crianza de 12 meses en depósitos de roble y otros 36 meses en barricas de roble de 225 litros. A pesar de toda esa madera, el vino tenía un buen fondo frutal. De hecho, creo que es el Rioja clásico mejor valorado por Parker (94 puntos). Al principio presentaba algo de aroma animal (se había abierto la botella una hora antes) para luego dar paso al clásico aroma de cueros y tabaco. Muy buen paso de boca y buena persistencia. En dos palabras, Elegancia clásica, muy en la línea del champán inicial.
Y para finalizar, la tarta de cumpleaños se acompañó con un Tokay, ese vino de reyes aún infravalorado en el mercado internacional. Se trataba de un Disznoko 6 puttonyos Aszú 1993. La finca Disznoko ya fue clasificada como “Premier Cru” en 1734 y pertenecía a las grandes familias húngaras. En 1992 fue comprada por el grupo francés AXA. Esta “roca del jabalí” (eso es lo que significa el nombre Disznoko en húngaro) es maravillosa. Es un vino que ya me había cautivado en una cata de la peña La Verema, aunque aún le falta mucha botella para alcanzar mayores cotas de complejidad. Cada sorbo te deja extasiado:
https://www.verema.com/comunidad/vinoscatados/vino.asp?vino=1281
No me puedo imaginar cómo estará el Aszú Eszencia de esa añada (que vale tres veces más) o el escasísimo Eszencia (que tiene un precio de venta al público de más de 700 euros!).
En fin, grandes vinos para una noche amable y donde la nostalgia, afortunadamente, no hizo demasiado de las suyas.