Su ubicación exterior es magnífica y el salón delantero acompaña un buen "sacrificio gastronómico". El espacio interior es amplio, silencioso...confortable.
El servicio es muy atento (que no molesto) por parte de Montse (jefe de sala), Paco (cocinero) y Toni (sumiller) sin olvidar al resto del equipo.
Respecto a la oferta de platos: el aperitivo servido con un crujiente de algas, la fresa con Campari o el nabo rebozado con soja. Paco nos deleitó con un salteado de rovellons y ceps con tropezones de ibérico y una reducción del propio caldo de las setas antes de pasar al magnífico plato de Espardenyes, el completo y fresquísimo de Vieiras y el mero con una picada de almendra y coulis de tomate o el mismo a la Donostiarra (esos ajitos crujientes pero no carbonizados y el punto exacto de vinagre) En el capítulo de postres: disfruté con un duo de chocolates y plátano y "participé" en el volcán de chocolate (qué textura!).
Los vinos muy bien llevados por Toni. El "libro", con índice incluido, los clasifica perfectamente aunque en el capítulo de alemanes por ejemplo: Mosela, Rheingau y Palatinado sin referencias que hay que pedir. Conseguimos un Peter Jakob Kühn 2002 Oestrich Doosberg (de lo último de 2002 que le quedaba) y acabamos con un Chablis Premier Cru Monts de Milieu 2003. Los precios correctísimos. El colofón lo puso un PX Antique Rey Fernando de Castilla por 3 eur maridado con un Cohiba Siglo III.
Precio por persona sin vinos: 70 eur. Ll
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