Cocina asiática de calidad con bodega interesante. Tras pedir a la carta creo que el menú gastronómico anteriormente probado no es la mejor opción. Tal vez el pato sea de las mejores opciones. Esta vez dejamos de lado el Agustí Torelló Mata y nos decantamos por el Castillo de Monjardín 2001 (Chardonnay fermentado en barrica) de menor coste e incríble maridaje para este tipo de cocina.
Vajilla adecuada y cristalería correcta. El clima que se consigue en este local es especial, muy sugerente y tranquilo, aunque las dimensiones del mismo son algo excesivas. Por suerte nunca hemos ido fin de semana.
De esos que no te cansas de repetir.
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