Aun no habiendo estado nunca en el Bulli, cuando fui a este restaurante, vi claramente que eran discipulos de Adriâ.
La masia es preciosa, toda de piedra, decorada elegantemente con lamparas y espejos estilo rococó.
Su servicio es atento, al igual que el servicio del vino. Nosotros tomamos un Remelluri Blanco del 2005. Hicimos el menú degustación.
Sus aperitivos espectaculares y sorprendentes.
Los demás platos muy buenos todos y bien presentados, tal vez destacaría la lubina en crosta, y sus deliciosos postres.
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