Visitamos esta bonita masia, regentada por la vieja guardia del Bulli. Recibimiento muy cordial y educado. Decoración clásica, "rococó", pero muy confortable. Pedimos menú degustación y tomamos un José Pariente 2005. Precios de los vinos bastante elevados. Los snacks y aperitivos realmente buenos, nos crearon muchas expectativas. Siguieron unos canelones de foie con rossinyols que mantenían el nivel, así como el segundo entrante, una sopa de castañas con bacalao confitado. Entonces llegó el bajón. Pescado: dos trocitos de bonito pasados de cocción, con un acompañamiento poco convincente. Carne: solomillo ibérico algo seco e insípido. Seguimos con una tabla de quesos, algunos de ellos curados en exceso. Y acabamos con dos postres sin historia, con mucho trabajo pero con un resultado al gusto muy pobre. El degustación de la mesa de al lado era mucho mejor, claro que, los conocían. En definitiva, cenamos bien pero esperábamos mucho más. Precio por persona 85 euros.
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