Antes que nada , creo que para nadie es discutible lo que han hecho (y lo que siguen haciendo) los hermanos Roca por la Gastronomia. Había ido en tres ocasiones al anterior local de este restaurante. Y en todas y cada una de ellas sali emocinado. Fueron tres experiencias unicas. Iba con mucha ilusión a probar la nueva ubicacion. Y el resultado (para mi) no fué el mismo. Y lo digo con tristeza y con algo de decepcion.
Es cierto que es un local amplio, con una muy buen separacion de las mesas, intimo y con una puesta en escena impecable. La comida....fué otra cosa. Tomamos foie y bogavante de primero y de segundos steak tartare y cabrito. De postre chocolate y el postre lacteo. No me emociono ni me sorprendio nada estaba malo por supuesto, pero nada era inolvidable.
La carta de vinos excepcional, tanto en cantidad como en calidad como en Rpc. Pero , y otra vez tuve mala suerte, el servicio fué otra cosa. Primero se confundieron con el segundo vino que habiamos pedido (Confuron de la Vosne Romanee) y me trajeron otro Vosne. Despues tuvimos que esperar a empezar a comer el segundo plato unos minutos , ya que el vino no se habia descorchado porque el sommelier estaba ocupado en otra mesa. Y por último hubo que pedir en varias ocasiones que nos sirvieran vino ya que la botella no estaba a nuestro alcance.
Al finalizar la comida nos enseñaron la cocina y Josep Roca tuvo la amabilidad de enseñarnos la bodega con unos comentarios maravillosos acerca del vino.
El servicio del vino lo puntuo correcto por su carta, sino seria un suspenso.
Volveré por que para mi era un templo gastronomico y no quiero quedarme con el regusto de esta ultima experiencia.
Volvere ya que no quiero quedarme con el recuerdo gastronomico