Restaurante Posada Del León De Oro Tartar

Restaurante Posada Del León De Oro

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Datos de Posada Del León De Oro
Precio Medio:
38 €
Valoración Media:
7.2 10
Servicio del vino:
7.8 10
Comida:
7.8 10
Entorno:
7.8 10
Calidad-precio:
5.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 38,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


Descripción

La Enotaberna, situada en el Madrid de los Austrias, en el centro del bohemio barrio de La Latina, situada dentro de la Posada del León de Oro es un concepto de restaurante que reside en una renovada cocina tradicional y una gran diversificación de platos típicos del centro de la Península (Ibéricos de Salamanca, Carnes de Ávila, Platos de Castilla…) acompañados de un buen vino, que usted podrá elegir entre las más de 300 referencias, lo que nos convertirá en una referencia enológica en la zona. De entre todos los vinos, tendrán especial relevancia, los Vinos de Denominación de Origen de la Comunidad de Madrid ya que es la única capital del mundo que le da nombre a una Denominación de Origen de vino. 

Este restaurante de estilo cláciso, cocina de diseño y ambiente acogedor, es el lugar ideal para reposar despues de un paseo por el centro de la capital, o venir a sorprender a tu pareja con algo típico pero con un aire especial.

2 Opiniones de Posada Del León De Oro

Comida en LA POSADA DEL LEÓN DE ORO, situada en la Cava Baja, una de las zonas más castizas y turísticas de Madrid. Ubicada en un edificio de más de cien años que ha sido completamente reformado y alberga también un hotel boutique de cuatro estrellas. El restaurante ocupa la planta baja y lo que era el antiguo patio de vecinos de la finca. A la entrada una barra y zona de tapeo con mesas altas, y al fondo el restaurante, bastante amplio (unas 20 mesas). La rehabilitación está hecha con mucho gusto, han logrado crear un ambiente moderno pero conservando el espíritu original de la casa. El suelo del comedor está acristalado y se pueden ver los cimientos de la antigua construcción, espacio que han aprovechado para albergar una bodega. La carta es corta, con elaboraciones sencillas de tipo mediterráneo, unas diez propuestas entre ensaladas, carnes y pescados, y unas diez raciones.

Dos personas, pedimos todo a compartir:

- Carpaccio de foie (13,50 €). Que consistió en el foie cortado en finas láminas, con un fino chorrito de aceite por encima, unas rodajas de pan tostado y se acabó. Estaba bueno, pero servido con poca gracia, así te lo puedes hacer tú mismo en tu casa. Se hubiera agradecido algo de acompañamiento, no sé, una confitura de frutos rojos, una reducción de oporto, unos frutos secos... que se note que estás comiendo en un restaurante vaya.

- Steak tartar (19,90 €). Aunque no lo dan a probar, tienen el detalle de preguntar por el punto de picante deseado. Muy sabroso pero, como en el caso anterior, la carne vino muy solitaria, también se echa en falta algo de guarnición.

- Chipirones a la Plancha (14,90 €). Cinco chipironcitos pequeños, pero frescos y tiernos, con un cordoncito de aceite emulsionado con perejil por encima.

Y para terminar, un fondant de chocolate también a compartir (6,90 €), postre que lleva unos 20 minutos de preparación pues viene calentado en el horno y acompañado de una bolita de helado de pistacho. Muy rico, y es que estos postres de chocolate que mezclan diferentes texturas y temperaturas son una apuesta segura.

Muy buena carta de vinos, con muchas referencias de casi todas las denominaciones de origen, aunque un poco subidita de precio. Nosotros elegimos un Mencía joven del Bierzo, Castro de Valtuille (17,10€), servido a buena temperatura y en copas adecuadas.

Servicio muy atento y servicial, pero también es cierto que era un viernes a mediodía, y sólo había dos mesas ocupadas en todo el comedor (una pena porque reitero que el local es una preciosidad). Con un café, y gracias al "efecto kviar" pagamos 54,53 € que consideramos un precio adecuado. Sin descuento la cosa se hubiera ido a casi 80 €, y nos hubiera resultado demasiado caro teniendo en cuenta la cantidad y la calidad de lo consumido. Pues nada, ya lo conocemos, aunque nos encantó el local la comida nos dejó un poco indiferentes. Creo que tardaremos en volver.

  • Tartar

  • Chipis

  • Foie

Noche calurosa en los Madriles, noche que se prestaba más a cenar sentaditos en un comedor bien acondicionado que al tapeo nómada tan típico del barrio de La Latina. Tras una vueltecita por el mercado de San Miguel y una caña rápida en Cuchilleros, mi partenaire y yo arribamos a este antañón comedor ubicado en la Cava Baja...

Ambiente:
Diferenciación de espacios: barra y mesas altas a la entrada y un amplio comedor (unas 18 mesas) al fondo del local. El acomodo para cenar se produce casi inmediatamente -a pesar de ser Viernes noche y estar el local prácticamente lleno- por la joven y simpática Maitre. Local amplio y bullicioso, con predominio de público internacional (guiri); percibimos un exceso de ajetreo y ruido en sala, quizás propiciado por la insuficiente separación existente entre las dos estancias que conforman el local (barra-comedor). Las mesas vestidas con mantelería de hilo y con correcta distancia entre las mismas; buena cubertería y vajilla (copas Schott).

Comida:
Se nos toma nota de la bebida con premura y simpatía (opto por Cava y mi acompañante por agua mineral) y, a la hora de traer mi botella seleccionada, me confirman la no disponibilidad de mi elección y de nada similar en esa horquilla de precios -fastidio-; me tiro entonces recomendado por el somelier a por una copa de L'hereu de nit roseé (se da a probar primero) y empezamos el festín:

- Aperitivo: gambita en brick con reducción de modena. Empezamos mal. 2 gambitas diminutas, envueltas en fina pasta brick, faltas de temperatura y aderezadas con un brochazo de la industrial y cansina por sobreexplotada reducción de modena. Mal. Un 4.

- Parrillada de verduras con tartar de boletus. Una buena parrillada de verduras con abundantes y hermosas piezas cocinadas muy al dente, respetado perfectamente el punto de cocción de cada elemento. Llevaba calabacín, berenjena, tomate, pimiento verde y rojo y un par de trigueros. Incluía también trazas de boletus picadito en crudo que daban muy buen gusto al global de la composición. Se acompañó con un aliño de aceite y vinagre de Oleosalgado que armonizó perfectamente con la frescura del plato. Sorprendentemente buena. Un 7,5.

- Croquetas: una degustación de 6 croquetas variadas (pollo y jamón, espinacas y cabrales) guarnicionadas con un anecdótico montoncito de patatas paja. Francamente buenas todas ellas: con una bechamel bien fundente aunque firme y consistente, sabor intenso y un más que aceptable tamaño. El punto de fritura perfecto, crujientes y nada grasientas. Un 8.

- Fileteado de buey con pimientos del Padrón: unos 800g de carne de buey solicitada poco hecha, fileteada y acompañada de 4 pimientos del Padrón. Olvidamos que las patatas fritas se pedían aparte (craso error). Generosa ración de carne, perfectamente cocinada y con muy buen sabor a la que que le faltaron un par de puntos de terneza para ser perfecta. Puntualmente constatamos partes excesivamente nervudas. Un 6.

- Postre: coulant de chocolate con helado de pistacho -hay que pedirlo con 15 minutos de antelación ya que parece ser que se prepara al momento-. Muy rico la verdad, con una buena esponjosidad del bollito y una golosísima salsa de chocolate interior que hizo nuestras delicias en su conjunción con el heladito (casero) de pistacho. Para repetir y repetir. Un 8.

El total pagado fueron 74 euros por 2 entrantes (croquetas 8 euros y parrillada 11 euros), 1 principal (16 euros el fileteado de buey), 1 postre (5 euros el Coulant), dos copas del cava mencionado (a 4,8 cada una), 2 PX de Osborne (4 euros cada una), 1 Bayleys (6 euros), 1 botella de agua (3,5 euros) y el servicio de pan (1,80 euros por persona). Correcta RCP, en mi opinión.

Lo mejor: la diligencia y amabilidad del servicio; la comida, honesta y bien fundamentada; el Coulant (riquísimo).

Lo peor: sobreprecio del vino por copas y el pan, una hogaza bastante ramplona, la verdad.

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