Restaurante japonés de visita ineludible. Menú degustación de altos vuelos

Restaurante japonés de visita ineludible. Menú degustación de altos vuelos que cambia cada día en función del mercado. A nosotros nos tocó degustar caballa, ostra, calamarcets, chanquete con huevo, berberechos con saque (impresionantes: enormes, jugosos, sabrosos...), sashimi (toro y ventresca de atún, calamar, erizo), bonito soasado, espardenyes, ternera (quizás lo más flojito)... y no se si me olvido de algo. A pesar de que el menú es suficiente (a lo mejor no para un gran comilón), completamos el festival (uno desea que no acabe nunca) con un surtido de sushi. Gramona Gessemaní para beber (la carta de vinos, flojita). Total, setenta euros por persona. La calidad del producto, el punto perfecto en cada elaboración, el servicio (muy amable) y, sobre todo, la cara de felicidad que se te queda cuando sales por la puerta, lo hacen altamente recomendable. Vale la pena. Muy mucho.

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