(Después de que Gastiola se me metiera ayer hasta la cocina yendo al Sagartoki e Ikea, hoy me tocaba a mi devolverle la afrenta y me he plantado en pleno centro de sus dominios)
El día primaveral invitaba a salir fuera, así que tras pasar la mañana en Orozko y tomar un par de txakolís por Amurrio, nos hemos acercado a este bello caserío ubicado a las afueras del pueblo, pero en pleno campo. El amplio comedor, de elegante rusticismo, es muy agradable, con mesas muy bien vestidas, buenas vistas y suave música de fondo. Nuestra intención inicial era pedir el menú degustación (25€), pero al final nos hemos decidido por la carta. Como aperitivos nos han sacado unos snack que ya avisaban que en este local saben hacer bien las cosas. Tras ello nos han servido como entrantes un excelente Rissoto de albahaca y parmesano (15€) y Canelones de txipirones en su tinta, en ambos casos emplatados individualmente, lo cual es de agradecer. Tanto el uno como el otro nos han gustado mucho. Como segundos hemos pedido un Bacalao a la LLauna (19,5€) y Espalda de cordero a la naranja con ñoquis de idiazabal (20€). Como nos hemos intercambiado los platos, he probado lo dos, que me han dejado una muy buena impresión. Si hasta ese momento la comida iba por muy buenos derroteros, con los postres el goce ya ha sido pleno. Obligatorio pedir el Sablé bretona de manzana y helado de oveja (6€): gulesco. Y el otro postre, un Coulant de chocolate y helado de vainilla (6€), no le iba a la zaga. En resumen, una comida perfecta, sin fisuras ni altibajos, estando todo a un nivel notable.
Respecto al apartado de vino, quizás su punto más flojo, su carta es muy reducida, pues se limita a poco más de una veintena de referencias, entre las que hay un poco de todo. Hemos pedido un riesling alsaciano: Trapet Beblenheim 2008 (25€), cortito de nariz y más expresivo en boca, que ha acompañado medianamente bien la comida.
Hemos terminado la comida con un par de buenos cafés solos, servidos junto a unas ricas trufas de chocolate. Nos han ofrecido también algún vino de postre, pero hemos declinado la invitación al tener que conducir.