Restaurante A Curva: A Curva


Si no te dicen que vayas ahí pues igual no entras. Si te dicen que vayas ahí, vas.

Pasa desapercibido. Uno más entre la (turística) oferta de la zona. Nada que llame tu atención. Vas porque te lo han dicho personas en quienes confías. Punto pelota.

Y haces bien en confiar.

Bar. Restaurante. Restaurante. Bar. Cocina honesta. Del mercado del día. Pim-pam-pum. La cocina más dificil es esta. La de ir todos los días al mercado, hacer el escandallo, dar bien de comer, de beber y que las cuentas sigan saliendo y los clientes contentos.

¿Por qué venir aquí? Pues porque me dijeron que además de comer bien se bebe bien. Ale, no hay más.

Y así es. Se come bien. Comida sencilla y de-mer-ca-do ¿Lo había dicho ya? Carta razonable y alguna cosa fuera de carta. Vamos al lío. Volandeiras bien ricas y un rodaballo (sí, un rodaballo. No son los lomos ni leches en vinegar. Rodabeil entier). Pim-pam-pum. Muy ricas ambas cosas. ¿Te has quedado con ganas? Pues venga unas cañas con crema. ¿Mejor ahora? Yo sí, desde luego.

Por botellas y por copas. Como hay que coger el coche en un ratejo no nos pasemos. Una copa con cada plato. Qué gusto un lugar sencillo (¿sencillo?) en el que te cuentan el vino así. Se lo digo. El camarero que es bien joven responde: ¿Si no lo hacemos nosotros quién lo va a hacer? Pues ole tus cojones xiquet.

Este asunto de bien comer en el que disfruté de lo complicado que es la sencillez se quedó en unos 46,20 EUR. Bien comido y bebido y amortiguando la salida al inclemente sol con un café con hielo.

P.S. Cotillos, que sois unos cotillos. Los vinos fueron Bastión de la Luna (3 EUR) y Ventura (2,4 EUR)

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