Irregular

El local y su entorno ya han sido perfectamente descritos en reseñas anteriores, y no aprecié grandes cambios con respecto a lo ya comentado, por lo que pasaré directamente a valorar lo positivo y negativo de mi experiencia:

Luces:

  • La terraza en la que comimos es muy agradable, con unas vistas espléndidas y perfecta para un pequeño grupo. Nosotros éramos 12 y eso supuso que tuvieran que añadir a la mesa una segunda en L, así que imagino que el número ideal serían 8-10.
  • Con respecto a la comida, de lo que probé destacaría sin dudarlo la trucha a la sanabresa con gambas (12€). Se suponía que eran lomos, pero ya nos avisaron al pedirlo de que las truchas de las que disponían eran pequeñas, por lo que se harían enteras. Al final para mí fue algo positivo, porque quedó jugosa y como las espinas eran más finas y pequeñas en la parte del vientre quedaron comestibles y crujientes. Una rica salsa y unas patatas cocidas las completaron.
  • De lo demás que pedimos, destacaría el buen pulpo (14€), con unas salsas que pedían mojar el buen pan que nos suministraron, y los rollitos de cecina con foie y membrillo (8,50€). La presentación de estos últimos quizás es mejorable, porque resultan un poco rústicos, pero el contenido es bueno.
  • Los precios de la carta de vinos son bastante comedidos. Nos quedamos con un elegante Marqués de Murrieta reserva 2014 por 28€. El servicio, como ya se ha comentado, consistió en la apertura y visto bueno de la primera botella. No sé si sería un error, pero viendo los demás precios me llamó la atención que pidieran 36€ por el Pétalos del Bierzo, por encima de vinos bastante más caros en tienda como el San Román (34) y al mismo nivel que Viña Tondonia reserva.
  • Precio final muy ajustado, poco más de 27€ por persona incluyendo los postres y cafés.

Sombras:

  • Excesivo tiempo de espera entre algunos platos. Entre lo primero que nos trajeron, que fueron los rollitos, y lo segundo, que fue el pulpo, pasó cerca de media hora. Después cogieron un ritmo más o menos constante, pero esa primera demora se hizo un poco larga.
  • Los huevos fritos con jamón y patatas, flojos (10€). Huevos con la yema cuajada, unas raspas de jamón saladas y secas (no sé si intentaron hacerlas crujientes, pero no funcionó) y lo único que se salvaba del plato, las patatas que eran caseras. No llegué a probarlo, pero a mi pareja el confit de pato con salsa de naranja (10€) y miel no le convenció, en su opinión estaba seco.
  • La tarta de Sanabria con salsa de orujo y helado de nata me dejó bastante frío. Similar a la de Santiago, pero al menos en el pedazo que me sirvieron menos jugosa. No sé si es así o se había quedado un poco seca.
  • Fuera de Rioja, Ribera del Duero y Toro la carta de vinos es bastante corta. Un par de tintos más, una decena de blancos, un par de rosados y media docena de espumosos. Tampoco esperaba encontrarme la bodega de Atrio, pero se agradecería algo más de variedad, porque 2/3 lo representan las 3 DOs que menciono arriba.

En resumen, la experiencia general positiva, pero ensombrecida por algunos defectos. En estos tiempos que corren uno siempre se queda con la duda de en qué medida puede haber influido en los mismos la pandemia, porque los restaurantes andan escasos de personal y con algunas dificultades adicionales, así que le concedo el beneficio de la duda acerca de los problemas reseñados

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