Entorno y local magnífico, comida de polígono.

Menú 15,5 €, por persona, ocho primeros y ocho segundos a elegir, no hay menú para niños a pesar de que las cuatro mesas ocupadas tenían niños. Cinco comensales, dos adultos, un niño de diez años y dos de seis. Entrante unas patatas bravas, algo crudas y sosas. Primeros; tres sopas de cocido con lluvia (pasta), insípida y sosa. Sopa de ajo, que a pesar de llevar condimento (pan, jamón y huevo), estaba igualmente insípida, pimientos del piquillo (3) rellenos de carne, aceptables. Segundos; dos de chuletas (dos de palo y una de pierna) demasiado tostadas y duras, Lomo a la plancha (3), secreto de cerdo con salsa de cerezas, muy bueno, pollo al ajillo embadurnado con un majado de ajo y perejil que no gustó a un niño y se devolvió deshuesado. Postres; dos de tarta de chocolate, dos mousses de limón y un trozo de helado de corte. Los niños querían un polo de palo y no habían. Precio 89,9 €. En el menú entraba únicamente vino y agua. Bebimos tres fantas de limón, cocacola y dos cervezas sin alcohol, todo de 20ml. A pesas de no beber ni vino ni agua, se nos cobraron todas las bebidas. La piscifactoría en estado de abandono, parece que desde 2009 a pesar de utilizarla de reclamo en la web. En general da la impresión de que les da igual que vuelvas o que no, es un sitio especial con un trato ordinario. Uno espera más profesionalidad. Decepción. Si vuelvo será para tomar una cerveza admirando el entorno y hacer tiempo para ir a otro sitio donde se "quiera" al cliente.

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