Dificil valorar un restaurante que pasa de lo divino a lo humano con tanta facilidad.
La barra de la entrada te recibe con un expositor de pescados que practicamente te invita a quedarte, pasas al comedor de fumadores y te encuentras mesas amplias y con separación suficiente. Los crios no tenian vetado el acceso a esta zona??? no se.
Pides un vermú y te lo sirven en un vaso sucio y rallado, que debería estar en la basura hace tiempo.
El atún, tanto el morrillo como el combinado sublimes, las gambas impresionantes, sin embargo el solomillo de retinto demasiado duro, aunque sabroso.
La ensalada de cogollos y anchoas para olvidar, mal aliñada, insipida.
Los postres bien presentados pero impersonales, todos los que probamos la cuajada no la identificamos como tal, sino como un helado de vainilla¡¡¿¿??!! que muy amablemnte fué sustituida por un tocino de cielo.
El orden en el que pides la comanda no tiene porque ser el orden en el que se sirvan los platos, ya que se pueden producir incongruencias, como ha sido el caso.
La espera entre plato y plato me ha llevado dos cigarros, desesperante. Deberían considerar revisar parte de la cristalería.
Carta de vinos limitada, normalita. Servicio de sala y vino correcto, aunque no entiendo porque teniendo copas en condiciones te sirven de primeras en copas inadecuadas.