El Campero, cuenta con una carta amplia, variada y aunque centrada en los productos del mar, tiene un par de opciones de carne para quienes no puedan pasar sin ella. Cuento de la carta hasta 29 elaboraciones distintas de atún y es que aquí se viene fundamentalmente a comer atún. Cuando uno recorre 725 km para llegar a Barbate, como fue mi caso, lo que debería comer en El Campero es atún.
Muy ilustrativo resulta el croquis de la carta indicativo de las distintas partes del atún. 24 distintas, que sirve de ayuda al comensal en la elección de los distintos platos.
Las propuestas vinícolas alcanzaran fácilmente la cantidad de 500 referencias, variadas escogidas con criterio y nada convencionales. Unas 100 corresponden a los generosos andaluces, en este restaurante les otorgan el protagonismo que merecen. Además disponen de una carta diferenciada para los vinos naturales… en definitiva un oasis para el buen aficionado.
Al cargo de los vinos, desde hace unos meses, está el sumiller asturiano Raúl. Profesional, discreto y atento.
La pasada Semana Santa tan temprana nos impidió poder degustar el menú de atún de almadraba que sólo sirven en temporada y que hubiese sido nuestra opción inicial. Así es que nos decidimos por compartir tres platos al centro y posteriormente cada uno eligió un principal.
Compartimos:
Revuelto de ortigas y gambas: original revuelto, al menos para nosotros. El huevo atenúa el sabor yodado de los dos componentes marinos y disfraza un tanto la textura de las ortiguillas que tanta animadversión genera en algunos comensales. Buena cocción e integración de todos los ingredientes de este sabroso plato.
Brochetas de atún rojo en tempura, buena materia prima y excelente ejecución de la tempura, poco más se puede pedir.
Callos de atún con morcilla de su corazón y pulpo. El entrante que más me gustó, si vuelvo me pediré un plato para mí solo. Me pierden los platos de cuchara, especialmente los que llevan garbanzos. Un potaje marinero intensamente sápido y bien elaborado. Deliciosa casquería marina.
Ana y yo decidimos compartir también nuestros principales, así es que pedimos:
Solomillo de atún con salsa de amontillado y yozu. Materia prima excelente, poco hecho, tan sólo vuelta y vuelta literal. Las salsas aportan un punto cítrico y de frutos secos, sin enmascarar el producto que es el verdadero protagonista.
Tartar de ventresca “toro” con hueva de tobikko negro. Lo terminaron de preparar en la sala. Perfecta la infiltración de grasa y muy buen corte para mi gusto, es decir tirando a grande. Las huevas del pez volador negro le dan el toque salado y crujiente a esta preparación deliciosamente melosa.
Mi postre: brownie de chocolate y helado, tan sólo correcto.
Para beber conjugamos vinos para todos los gustos:
Manzanilla Callejuela Madura. Una manzanilla de madurez media, es decir a medio camino entre una fina y una pasada. Creo recordar con una vejez media de seis o siete años. Muy buena y definida. Tiene de todo lo que deben tener este tipo de vinos, es: seco, salino, mineral, amplio y largo.
Blanco de Guímaro 2015. Prácticamente un monovarietal de la variedad godello, al que tan sólo le añaden un 5% de Treixadura y Doña Blanca. Un blanco sencillo pero muy completo, con aromas a frutas blancas maduras y recuerdos herbáceos. En boca es fresco gracias a su buena acidez y sus notas amargosas finales.
Taberner, un tinto de Cádiz pero elaborado por un valenciano para los que no perdonan nunca el vino tinto. Coupage de Syrah, Merlot y Cabernet Sauvignon. Tinto de marcado carácter frutal al que le acompañan notas de cacao y recuerdos de monte bajo. En boca tiene una entrada con cierta potencia, taninos amables y presenta cierta acidez que le otorga frescura. Muy bebible.
Restaurante dedicado casi monográficamente al atún, con un entorno cómodo y muy bonito, además con la posibilidad de disfrutarlo en tres ambientes distintos. La materia prima extraordinaria, su culinario excelente, unido a una carta de vinos con mucha oferta y buena selección, hacen de este restaurante aquello que algunos llaman un “imperdible”
Post completo ilustrado con fotos en: http://www.vinowine.es/restaurantes/restaurante-el-campero-en-barbate-un-imperdible.html
Muy buen comentario y muy buenas fotos (blog) que me han dado ganas... Este desde luego si tengo la suerte de volver a Cádiz por la época de la almadraba cae seguro.
Jose, los guisos con atún son excepcionales. Esos callos me llaman. Todavía me acuerdo en mi vista de una parpatana al horno espectacular. Como el cerdo, del atún se aprovecha todo...
Tuve la suerte de ir este agosto tres veces y probar toda la carta caliente de atún. No hay ningún sitio que se le parezca en España, todo a un gran nivel pero el contramormo es otra liga. Hice los tres días maridaje con vinos de Jerez con el sumiller asturiano, otro plus para la visita, auténticas joyas. Desgraciadamente he oído que lo va a dejar y cambia de aires.
Gran comentario.
Tu que eres dueño de tu tiempo intenta cuadrar con la época de la almadraba, porque según me han contado ofrecen una gozada de menú.
Gracias, las letras mías, las fotos de mi Ana :-)
Como digo en el post, a la próxima visita me pido un plato para mi sólo.
Yo soy dueño de mi tiempo, efectivamente, pero MC todavía no... :-( De todas formas intentaremos cuadrar una escapada con la época de la almadraba.
Un abrazo
Para repetir tantas veces como se ponga a tiro.
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