Tomamos "menú de tapas" para 2: pequeña selección de muestreo con platos de la carta. Primero nos sirvieron ante cada uno de nosotros un plato grande con cuatro compartimentos con platos fríos: carpaccio de buey con membrillo i pimienta, bocadito de foei, carpaccio de pulpo y otra que no recuerdo. Tras acabar, nos traen de nuevo a cada uno otro plato con los cuatro compartimentos, ahora con platos calientes: pimiento del piquillo, tempura de bacalao, canelón de rabo de buey y creppe de butifarra. El postre, a banda, brownie con cacao de guinea: sabroso pero excesivo acompañamiento con mermelada de frambuesa. Bebimos Embruix 2003.
Valoración de la comida: platos correctos, buenos... Esperaba un poco más, eso sí, y me parecieron un poco precocinados (entiéndaseme, no prefabricados). Los segundos que ví que sacaban a las mesas adyacentes mucha mejor pinta. Quizá el fallo fue pedir menú. De cantidad muy correctos todos.
El servicío de vino impecable, de diez: gran carta con todas las d.o. Descorche perfecto, corcho a la mesa, botella en mesa supletoria, no tuvimos que pedir que nos pusiesen más, tampoco nos sirvieron a toda prisa para vendernos otra.
Servicio y entorno: todas la chicas que atienden son estrangeras. Eficaces y eficientes, pero se hecha en falta un jefe de sala "nacional". El local es bonito, limpio (no se permite fumar) y tranquilo. No me gustan las mesas rústicas pero no desentonan con el entorno bodeguero.
Precio 50 euros/pax. Par
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