Restaurante El Barón en Aguilar de Campoo
Restaurante El Barón
País:
España
Provincia:
Dirección:
Cód. Postal:
Tipo de cocina:
Añadir vino por copa
Precio desde:
25,00 €
(precio más bajo introducido por un usuario)
Nota de cata PRECIO MEDIO:
34 €
Nota de cata VALORACIÓN MEDIA:
6.2
Servicio del vino SERVICIO DEL VINO
5.4
Comida COMIDA
5.4
Precio medio entorno ENTORNO
7.3
RCP CALIDAD-PRECIO
6.6
Opiniones de El Barón
OPINIONES
6

Servicio rápido y atento en este restaurante de Aguilar de Campoo (Palencia), situado en un casona del S. XVII del casco histórico.

Cena para dos, en plan tapeo:

* Cangrejos de río (buena salsa para sopar pan que salvan el sabor insípido de los cangrejos de agua dulce).
* Croquetas de cecina (grandes y con buen sabor).
* Criadillas de lechazo (excelente elaboración).

Postre: * Tarta casera de manzana.

Bebidas: Cervezas, agua y copa de vino de Ribera de Duero (crianza).

  • Croquetas de cecina

    Croquetas de cecina

Visita de cuatro personas a este restaurante en un viernes, sobre las 14,30 horas, la barra está prácticamente completa y al solicitar mesa nos indican esperar unos 10 minutos.

Pasado ese tiempo nos acomodamos en el comedor superior y prescindiendo del menú, decidimos el compartir cuatro platos.

De entrada unas croquetas de bacalao (al tomar la comanda acordamos que fuesen en número de ocho y se presentaron en la mesa seis unidades, que tras realizar la observación se corrigió) que resultaron realmente flojas, tanto en el sabor, como en la masa como en el recubrimiento.

Hemos proseguido con una parrillada de verduras, que en otras ocasiones nos pareció de muy buen nivel, resultando en esta ocasión simplemente normalitas, debiendo destacar que a la cebolla le faltaba bastante para llegar a un punto de hechura.

Mollejas acompañadas de patatas fritas: han resultado con palmas y pitos, a dos personas les han parecido con un nivel más que aceptable y a las otras dos personas, nos han dejado relativamente tibios.

Morcilla de Herrera de Pisuerga con pimientos: de aprobado alto.
Como se puede entender la comida no levantó mucho entusiasmo, pero el capítulo negativo llegó en la sección de vinos.

La carta de vinos, para la habitual por la zona tiene bastante buen nivel, pero ese día nos decidimos a hacer patria y escogimos vinos de Castilla y León, sin ir a grandes denominaciones.

En un principio solicitamos Abad Dom Bueno , que nada más dar a probar manifestaba claramente acetato de etilo o esmalte de uñas, se hace observar al servicio, retirándose la botella, pero sin ningún comentario al respecto ni la más mínima disculpa (a los tres minutos el vino estaba totalmente imbebible).

Se solicita un Señorío de Valdesneros 2011, que resultó estar a buen nivel y estado. Pidiendo una segunda botella, resultando que no hay existencias de una segunda botella, sin haber apercibido previamente.

Pues decisión de seguir con la tierra, solicitando Zarzavilla (en la carta no consta añada) y tras ser abierta comprobamos que se trata del año 2004 estando dicho vino más que decadente, pero decidiendo ya de no hacer ninguna observación al respecto.

El servicio ha resultado con sensación de desgana y prisa.

Había visitado, en fecha posterior a mi último comentario, en al menos dos veces más dicho restaurante, habiendo apreciado cierto bajón en su nivel, pero esta vez por los detalles comentados y no todo por la comida, el bajón parece que se ha confirmado.

Fuimos a comer a El Barón porque nos pillaba de paso hacia la Montaña Palentina. Era sábado, así que la opción estaba clara: el menú de fin de semana. (2 personas).

Carta amplia, mucha variedad en los primeros y segundos platos.

Antes de empezar con el menú, pedimos unas rabas...pero en lugar de rabas trajeron calamares a la romana. Ningún problema, tenemos hambre y los comemos a gusto.

Del menú: pedimos una berenjena rellena gratinada, que sale muuuuy bien presentada y que está bien, sin más. También compartimos una ensalada templada de perdiz en escabeche. Buena, pero no para echar cohetes.

Segundos platos: se nos ocurre pedir a los dos pescado!!! pensando que por la noche cenaríamos carne, cometimos el error de pedir un rodaballo que venía escondido entre salsas y un lenguado relleno de marisco (recomendado por el dueño) que era un plato recargado y malo. El pescado no lo encontrabas, y cuando lo hacías estaba seco y malo. Eso si: muy bien decorados los platos.

De postre una torrija muy normalita, y cafés.
Para beber una botella de protos roble.

Sin duda, lugar al que no volveré. Además muy alto de precio, teniendo en cuenta la no-calidad de la comida.

... entran en conflicto con algunas costumbres de éste y otros locales en cuanto a la elaboración y presentación de la carne. Primero cuento lo que comimos y luego el resto.

Saludamos a Carlos de parte de un veremero ilustre y nos devuelve cordialmente los saludos. Mesa redonda y amplia al fondo del restaurante, vestida con mantel superior de papel grueso y bien surtida de copas.

Cuatro adultos y una niña.

La niña tomó menu infantil y eligió, de entre varias posibilidades, macarrones (ricos) y tortilla (bien). De postre helado. Todo por 10,91 E.

Los adultos, a compartir:

Revuelto de morcilla. Muy rico, guarnición de picatostes, dos salsas (pimientos y otra verde que no probé) y una vinagreta de alubias esplendida. (12 E)

Parrillada de verduras. Rica y abundante. (15 E)

Chuletillas de lechazo (dos a 19 E c/u). Ricas. Presentadas en fuente las dos raciones sobre patatas fritas de sarten.

Entrecots de ternera (dos a 20 E c/u). Esplendida carne que sale de cocina solo marcada y sobre platos refractarios, estando su centro (el de la carne) aún frio. Patatas fritas y ricas como guarnición.

Emilio Moro (botella de 1/2) 15 E. Simplemente espléndido.

Una botella de cava de la que mi memoria se resiste a recordar el nombre. Esi si, brut nature. (18 E).

Dos postres que ni vi porque estaba en la calle.

Agua y cuatro cafés invitación de la casa.

Y todo bien, excepto... que no soporto la elaboración de la carne en la sala. Cuando sacan a la mesa platos refractarios, piedras, pequeñas brasas o cualquier otro metodo de esos que lo llenan todo de grasa, includas las copas y a menudo la ropa, no me gusta. Además de que el olor te acompaña el resto del día. Yo sabia que en este local los chuletones a compartir se elaboran en la mesa, por lo que me abstuve de pedirlo, pero resulta que los entrecots se sacan en plato refractario, con lo que estamos en las mismas. La carne volvió a la cocina, para que la terminasen allí y aunque siguió buena, el segundo paso por plancha no beneficia en absoluto.

Al que no le importe ese metodo de trabajo, adelante, el trato, la materia prima y el servicio, merecen la pena. Yo, cuando vuelva, pediré que salga cocinado de la cocina.

Ultimo día del mes de marzo, sábado, temperatura excelente y tras pasar la mañana por la Montaña Palentina (El Golobar, Brañosera, Barruelo de Santullan, etc.), etc. nos acercamos a este local tras la visita efectuada en noviembre, con un buen recuerdo sobre todo respecto a la carne y con ese cierto temor, ante esa frase de tantas veces confirmada en la realidad, de segundas partes nunca fueron buenas, en este caso, sí, lo fueron.

En los tiempos que corren, nuestra sorpresa fue que a las 15 horas, el local ser encontraba prácticamente lleno, a pesar de dispone de dos comedores amplios. Habiendo efectuado la reserva unas dos horas antes, nos acomodan en el comedor superior, que resulta agradable, en una mesa amplia.
No dudamos y repetimos prácticamente plato a plato nuestra anterior visita:
Pencas de acelgas rellenas de jamón (doce euros): tan buenos como en la anterior ocasión, en una ración generosa.
Mollejas de lechazo (17.5 euros): ídem de ídem respeto a la anterior visita.
Chuletón a la piedra, ración para dos personas (20 euros persona) que compartimos entre los cuatro comensales, resultando una buena cantidad y quedando completamente satisfechos, en esta ocasión se trataba de carne de novilla de la montaña palentina, y al igual que en la anterior visita, presentación del responsable de cocina en una mesa supletoria, con marcado previo de la pieza y acabar de elaboración en la mesa en unos platos refractarios de buena calidad.
Tras la cantidad de comida reflejada, por una parte no quedaba hueco para los postres prácticamente y ante nuestra experiencia anterior con los mismos, decidimos pasar directamente al café.
La carta de vinos idéntica a la de la anterior visita, optando en esta ocasión por Pitacum (trece euros) cayeron tres botellas. Cambio de copas.
Detalles de la casa de dejar una botella de orujo en la mesa tras los cafés, no recuerdo cual, pero era muy buen nivel.
Buen ritmo de platos, con buena profesionalidad del responsable del local que de nuevo nos atendió.
El importe al final ascendió a 124 € para cuatro personas, debiendo tenerse en cuenta que el importe del vino al final fue de 39, así y con todo a poco mas de 31 euros.
En este caso, en nuestro segunda visita, el local pasar de forma holgada la revalida ir y a partir estos momentos creo que se convertirá en una parada obligada en nuestras visitas a la localidad de Aguilar de Campoo.

Sábado de noviembre, villa de Aguilar de Campoo (situada en el norte de la provincia de Palencia y a unos 900 m de altitud sobre el nivel del mar) una “de las puertas de entrada a la montaña Palentina” y para acabar de completar el cuadro del mes y localización, frío (unos 7-9°C), y lluvia. Ante esta situación un grupo de ocho personas, acudimos a la comida del mediodía en este restaurante.
Ante referencias de dos personas distintas que han visitado del local últimamente y que nos han contado sus excelencias ante algún cambio surgido en la orientación del mismo, localizamos el local que se ubica en una casa solarariega blasonada del siglo XVII, en el casco histórico de la villa, con una larga barra a la entrada, junto con mesas para el picoteo y en el fondo comedor amplio, decorado con elementos cálidos como son la madera, la piedra y el barro, techos altos, mesas debidamente separadas entre ellas y buena temperatura, por una parte por la calefacción funcionando y por otra por unas pseudochimenea (de esas que dan la sensación de ser fuego de leña, pero sin embargo es de energía moderna).
Ocho comensales nos acomodamos una mesa circular (a en mi criterio una mesa excelente para poder intervenir con este número de comensales en la conversación todos). Mesa regularmente vestida con un mantel pseudosintético, servilletas de tela y con vajilla y cristalería de nivel más que aceptable.
Nos dejamos aconsejar por el responsable del local:
Primero unos caldos de marisco obsequio de la casa, teniendo que destacar el detalle de que al pedir una manzanilla-fino para acompañar con unas gotas el caldo, dado que su temperatura era muy alta, se dejó en la mesa una botella de manzanilla la Guita y no se pasó a cuenta.
Compartimos:
Dos parrilladas de verduras (pimientos rojos y verdes, cebolla, espárragos verdes, alcachofas, calabacines y berenjena). Buena presentación, buen sabor y quizás una poquita baja de temperatura.
Una ración de mollejas de lechazo: ración generosa, bien limpias, todo sabor y nada enmascaradas por salsas ni por rebozados extraños.
Pencas de acelgas rellenas de jamón: excelentes.

Ante la especialidad de la casa optamos por dejarnos llevar y que trajesen carne de la montaña palentina: el responsable de cocina en una mesa adjunta, nos muestra las piezas de chuletón y de entrecot, partiendo a ritmo que se mas o menos se iba comiendo, colocando en los platos refractario donde se puede conseguir el punto adecuado: la cantidad de carne. El nivel de la misma excelente (quizás en estos momentos recuerdo algunas que han estado a tan buen nivel pero no a nivel superior) precio de la carne a 20 € por comensal, lo cual nos pareció una excelente relación calidad precio tanto por la cantidad como para que en calidad de la carne servida.
Por iniciativa de la cocina nos presentaron como acompañantes de las carnes bandejas de patatas fritas (Kennebec) cortadas a cuchillo y supuestamente fritas en sartén que estaban excelentes (que poco frecuentes es que te presenten unas patatas y cuando las sirven en mesa te adviertan de que tipo se tratan).
Los postres, dos manzanas asadas, pudding de queso, y alguna cosita más por el estilo: lo único flojo de la comida (con esa costumbre tan frecuente y que posiblemente por manía mía me resulta tampoco agradable a la vista, de acompañarlo con nata).
Unos cafés (no cargados encuentra) completaron la comida. Asimismo ofrecieron chupitos que nadie tomó, pero me dio la sensación de que van a ser obsequió de la casa.
En cuanto al vino, la carta costaba de predominio tanto de Riojas como de Ribera con alguna otra posibilidad de vinos, como Somontano etc. tomamos dos botellas de Señorío de Valdesneros 2007 y cuatro botellas (por indicación del responsable del local) de Viña Concejo 2007, que por otra parte tengo que comentar nos impresionó muy gratamente.
En cuanto el servicio de del vino bastante buen nivel, comprobar, cambio de copas etc... Precio del vino nos pareció con buena relación calidad precio, por ejemplo Viña Concejo a 16 € y señorío de Valdesneros a 12 €.
En conjunto, sacamos la siguiente conclusión tras esta nuestra primera visita a este restaurante: carne excelente, buena cocina de los entrantes y flojitos los postres (así se lo comunicamos al responsable en despedida y nos agradeció el detalle de comunicárselo, lo cual es otro punto a favor de este restaurante) buen entorno dentro de un restaurante de lo que podemos calificar como un mesón castellanos. Carta de vinos desde luego mejorable pero con buen nivel para la zona, con estar pendiente del cambio de copas y unos buenos precios de los vinos. Para aconsejar si pasáis por la zona y queréis cocina castellana y sobre todo carne.
El precio total por comensal (no debemos de olvidar la cantidad y calidad de la carne y que para ocho comensales tomamos seis botellas de vino, quizás por ello no hicimos uso de los GT) fue de 46 € por comensal.
Salimos contentos, con la idea de volver en corto espacio de tiempo a disfrutar de nuevo de la carne en y yo personalmente, salí con la idea de en algún día que el frío lo solicite, el volver a degustar un cocido castellano que disponen a diario en carta, entre los meses de octubre y mayo.

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