Tal y como había prometido, volví a Piratas. Ha pasado más de un año, pero

Tal y como había prometido, volví a Piratas. Ha pasado más de un año, pero la espera ha merecido la pena. Aunque en mi primera visita todo me pareció supremo, la verdad es que en este pequeño restaurante se superan a sí mismos. Luis, el cocinero, sigue inventando platos deliciosos con la única ayuda de una plancha y una salamandra. Por más que pienso (y disfruto) sobre ello, no me lo explico. ¿Cómo son posibles esas texturas, esos sabores, esas combinaciones, esas presentaciones... ese disfrute de la comida, sin cocina? Y con un solo cocinero! Isabel, la sumiller, sigue como la otra vez, regalando sonrisas (y aunque no venga al caso, todavía más guapa que el año pasado) y tan entregada a su trabajo que a veces parecía que ella disfrutara tanto trabajando como uno mismo comiendo. En una profesión así es difícil encontrar a gente que con un nivel tan alto de conocimientos sea tan humilde y se pare tanto a "enseñarnos", explicando o recomendando a los "novatos". A mí me aconsejó "Ops", un Penedés. Aunque no sea un gran entendido, me gustó mucho, sobre todo por el hecho de ser algo distinto, huyendo de los clásicos Riojas y Riberas. Me pareció un toque "moderno", si es que se puede utilizar ese adjetivo con el vino. En cuanto a la comida en sí, de primero unas anchoas con recuit y mermelada de tomate, algo a priori sencillo pero que me pareció muy original por la fusión de sabores (por cierto, las aceitunas rellenas de anchoa que lo acompañ

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